Norberto soltó una risa burlona.
—¿Crees que soy Alexis? ¿Que necesito a una mujer para impulsarme en todo lo que hago?
Nico se quedó pasmado, sin saber qué responder por un momento.
Enseguida, se rascó la cabeza con frustración y pateó la silla que tenía al lado.
—¡Carajo! ¡Es la primera vez que me doy cuenta de que Bianca tiene madera de mujer fatal, un imán para los problemas!
—Espero que sea la última vez que escucho esas palabras salir de tu boca —dijo Norberto con el ceño fruncido, apagando el cigarro antes de entrar al baño.
Nico, al recibir la advertencia, se quedó con cara de incredulidad, con los ojos inyectados de rabia.
—¡No manches, Norberto! ¿Cuántos años llevamos de conocernos? Somos amigos desde niños, ¿y ahora me amenazas por una mujer?
Norberto lo miró fríamente:
—No pido mucho, solo que la respetes.
Nico respiraba agitado, apretando la mandíbula.
—Bien, bien, respeto. ¡Respeto, chingada madre!
De pronto soltó una risa sarcástica.
—Lo malo es que, por más que le ruegues, ella ni te pela. ¡Se ve que no le interesas, solo tiene ojos para Mariano! Ella quiere subir de nivel, ¿tú crees que se va a fijar en ti?
*¡Pum!*
Apenas terminó de hablar, un objeto duro se estrelló contra la pared y cayó hecho pedazos sobre la alfombra.
Era el celular de Norberto.
Al levantar la vista, vio a Norberto mirándolo con los ojos rojos de furia.
—¡Cierra el hocico!
Nico se quedó helado.
Loco. Se había vuelto completamente loco.
***
Al día siguiente, después del desayuno, seguía el tiempo libre. Bianca, los hermanos Fajardo y Hugo Jaramillo subieron a la capilla de la montaña para orar.
Tras descansar toda la noche, el tobillo de Bianca estaba casi curado.
Al llegar a la capilla, primero encendieron unas veladoras y luego cada uno fue a rezar por su lado.
Bianca consiguió un amuleto de protección para su madre. Lo guardó con cuidado y se dio la vuelta para buscar a Mariano y los demás.
La anciana miró las cartas y frunció el ceño.
—Me temo que tardará. Tendrá que esperar hasta después de los cuarenta.
La sonrisa se le congeló.
«No manches, cuarenta años. ¡Mi media naranja no aparecerá hasta dentro de una década!»
Bueno, no era tan malo, al menos podría seguir de fiesta como un soltero codiciado unos años más.
Nico se levantó y Norberto ocupó su lugar. Él también sacó una carta: era "La Torre", símbolo de destrucción y cambio brusco.
—Señora, dígame, ¿mi alma gemela está hoy en esta ciudad?
Preguntó algo tan específico que la anciana y los demás se quedaron atónitos.
La mujer miró las cartas y asintió con pesar.
—Señor, las cartas dicen que no.
La cara de Norberto se oscureció de golpe. Sin alterarse, extendió la mano, desparramó todas las cartas sobre la mesa y, con precisión quirúrgica, sacó "Los Enamorados" y "El Sol", cartas de buen augurio, y se las puso en la cara a la anciana:
—Esa carta fea de hace rato decía que no, ¿y estas buenas? ¿Estas dicen que sí, verdad?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival
Me han quitado ya mas 15 desbloqueo los capítulos me da error y no se abren que esta pasando...