La anciana y los turistas que miraban se quedaron con la boca abierta…
Nico sabía que le había dado uno de sus ataques de locura, así que lo agarró del brazo y tiró de él.
—Norberto, ya bájale. Esto de la adivinación es puro cotorreo, si no te late, no te lo tomes en serio y ya.
—Yo no creo en el destino; lo que pase lo voy a hacer pasar yo. —dijo Norberto con frialdad, tirando las cartas sobre la mesa.
Al bajar de la plaza de la iglesia, Alexis Zúñiga notó que Norberto no andaba bien hoy. Especialmente cuando volteó las cartas, tenía una mirada tan sombría que parecía endemoniado.
Jamás había mostrado esa faceta tan desquiciada.
—¿Le pasó algo a Norberto últimamente? —Alexis bajó el paso a propósito y detuvo a Nico.
Una sombra de culpa cruzó por los ojos de Nico.
—Escuché que el señor Gámez lo ha estado mandando mucho de viaje. Supongo que tanto ir y venir lo trae con las hormonas alborotadas.
Alexis: —…
A su lado, Florencia Sáez sabía perfectamente por qué.
Soltó una risa fría.
—Me temo que no es eso. Por la cara que trae, seguro lo batearon. Es mal de amores.
Alexis se detuvo en seco.
—¿Mal de amores? ¿Cortó con la chica que fotografiaron en Año Nuevo? Hace tiempo que Norberto no la menciona.
El cerebro de Nico trabajaba a mil por hora.
—Puede ser, pero son cosas sin importancia. Con la percha que tiene Norberto, le sobran pretendientes. Oigan, por cierto, ¿saben por qué el señor Gámez lo manda tanto de viaje? ¿La familia Gámez va a abrir sucursales foráneas?
Alexis cayó en la trampa y cambió de tema.
—Es cierto, la otra vez me comentó que el mercado del norte necesita expandirse, seguro piensan establecerse allá.
Ambos empezaron a discutir sobre la volatilidad del mercado de inversiones.
Florencia, por su parte, sonreía con sarcasmo.
Ella sabía mejor que nadie por qué mandaban a Norberto lejos.
Fue ella quien le envió las fotos a Irene, la madre de Norberto.
«Bianca, no creas que porque Alexis te dejó puedes entrar a la familia Gámez. Te vas a quedar en la clase baja con tu madre muerta de hambre para siempre».
***
Después del almuerzo, la convivencia de Código Quetzal terminó oficialmente y el autobús regresó a la ciudad.
—¿Tú sola recuperaste el código y los datos perdidos, y además rastreaste la ruta completa de la invasión?
Bianca lo pensó un momento y decidió que era mejor no involucrar a Mariano.
Así que optó por una mentira piadosa.
—Yo no, fue un amigo mío. Vive en el extranjero y su nivel técnico es muy superior al mío. Él recuperó los registros del sistema de mi computadora, rastreó la IP en el extranjero a través de los logs y finalmente me ayudó a recuperar todo.
—Y entonces, descubrimos por accidente que el usuario de esa IP extranjera tenía comunicación frecuente con una IP local.
El oficial Márquez asintió. Él tenía experiencia en tecnología y entendía lo que Bianca decía.
Revisó los documentos impresos.
—El usuario de esta IP local se llama Dolores Quintana. ¿La conoces?
Bianca asintió.
—Sí, es estudiante de la Universidad Panamericana y miembro del proyecto de investigación en la base. Hemos colaborado.
Con más de diez años de experiencia, al oficial Márquez le bastó escuchar eso para deducir el móvil.
Era evidente: esa tal Dolores envidiaba la capacidad profesional de Bianca, así que se alió con hackers extranjeros para invadir su computadora y robarle los resultados justo antes de que los terminara.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival
Me han quitado ya mas 15 desbloqueo los capítulos me da error y no se abren que esta pasando...