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El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival romance Capítulo 317

En su recámara, Adriana tenía puesta una mascarilla cuando escuchó que tocaban a la puerta.

Se levantó para abrir y, al ver que era Mariano, exclamó sorprendida:

—Hermano, ¿apenas llegas de trabajar?

Mariano no dijo nada, solo entró y le entregó la bolsa que traía en la mano.

—Mañana en la oficina, por favor, entrégale esto a Bianca. No le digas que te lo di yo.

—¿Qué es? —preguntó Adriana mientras abría la caja.

Un vestido azul apareció ante sus ojos.

De repente recordó algo y abrió los ojos como platos.

—¡Se parece muchísimo al que le gustó a Bianca esta noche!

Revisó el logo del empaque. ¡Híjole! ¡Era exactamente el mismo!

Adriana entrecerró los ojos.

—¿Estabas en Plaza de los Diamantes hoy en la noche?

—Sí, llegó el bolso que encargó mamá y me pidió que pasara por él. Dio la casualidad que las vi probándose ropa.

—¿Y por qué no nos saludaste?

Mariano sonrió y le revolvió el cabello.

—Tú te defiendes sola; no necesitabas mi ayuda.

Era obvio que había visto la escena donde Adriana puso en su lugar a Verónica.

Adriana soltó un suspiro profundo y miró a su hermano con frustración.

—¡Te equivocas! En esa situación, lo mejor hubiera sido que intervinieras. Imagínate: el príncipe azul llega justo a tiempo a rescatar a la damisela. ¡Seguro se habría conmovido hasta las lágrimas!

—¿Crees que ella es tan superficial? —Mariano sonrió—. No es la primera vez que tratas con ella.

En realidad, la razón por la que Mariano no intervino de inmediato fue porque temía incomodar a Bianca.

Últimamente ella lo había estado evitando.

Su aparición solo habría hecho que se sintiera más incómoda.

Adriana suspiró, con cara de preocupación, como toda una señora.

Bianca frunció el ceño.

—¿Ya las despidieron?

—Sí, el motivo del despido corresponde a su queja.

—... Está bien, muchas gracias.

Al colgar, Bianca seguía con dudas. ¿Despidieron a esas dos empleadas tan rápido? ¿No sería que atención al cliente solo le estaba dando el avión para calmarla?

Tendría que ir a verificarlo cuando tuviera tiempo.

En ese momento, Adriana tocó a la puerta y entró.

—Bianca, te traigo un regalo, tienes que aceptarlo.

Dicho esto, le entregó la caja con ambas manos.

Bianca adivinó por la forma de la caja que se trataba del vestido azul de la noche anterior.

Al abrirla, confirmó sus sospechas.

Visto así, el despido de las empleadas también había sido obra de Adriana.

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