En su recámara, Adriana tenía puesta una mascarilla cuando escuchó que tocaban a la puerta.
Se levantó para abrir y, al ver que era Mariano, exclamó sorprendida:
—Hermano, ¿apenas llegas de trabajar?
Mariano no dijo nada, solo entró y le entregó la bolsa que traía en la mano.
—Mañana en la oficina, por favor, entrégale esto a Bianca. No le digas que te lo di yo.
—¿Qué es? —preguntó Adriana mientras abría la caja.
Un vestido azul apareció ante sus ojos.
De repente recordó algo y abrió los ojos como platos.
—¡Se parece muchísimo al que le gustó a Bianca esta noche!
Revisó el logo del empaque. ¡Híjole! ¡Era exactamente el mismo!
Adriana entrecerró los ojos.
—¿Estabas en Plaza de los Diamantes hoy en la noche?
—Sí, llegó el bolso que encargó mamá y me pidió que pasara por él. Dio la casualidad que las vi probándose ropa.
—¿Y por qué no nos saludaste?
Mariano sonrió y le revolvió el cabello.
—Tú te defiendes sola; no necesitabas mi ayuda.
Era obvio que había visto la escena donde Adriana puso en su lugar a Verónica.
Adriana soltó un suspiro profundo y miró a su hermano con frustración.
—¡Te equivocas! En esa situación, lo mejor hubiera sido que intervinieras. Imagínate: el príncipe azul llega justo a tiempo a rescatar a la damisela. ¡Seguro se habría conmovido hasta las lágrimas!
—¿Crees que ella es tan superficial? —Mariano sonrió—. No es la primera vez que tratas con ella.
En realidad, la razón por la que Mariano no intervino de inmediato fue porque temía incomodar a Bianca.
Últimamente ella lo había estado evitando.
Su aparición solo habría hecho que se sintiera más incómoda.
Adriana suspiró, con cara de preocupación, como toda una señora.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival
Me han quitado ya mas 15 desbloqueo los capítulos me da error y no se abren que esta pasando...