Adriana hizo un puchero.
—¿Cómo que no? Él mismo lo dijo.
En realidad, durante todos estos años, Adriana había tenido esa espina clavada.
Sospechaba que la razón por la que Hugo se fue a Puerto del Encuentro nada más graduarse era para evitarla.
Su confesión de amor seguramente lo había asustado.
—¿Él te lo dijo personalmente? —Valeria se sorprendió y luego suspiró—. Ese muchacho, Hugo, siempre piensa demasiado en los demás.
Al escuchar el tono de su madre, Adriana percibió que había algo más.
Seguro había una historia oculta.
Se enderezó de inmediato.
—Mamá, ya no la hagas de emoción, ¡cuéntame todo lo que sabes!
Valeria bebió tranquilamente de su copa y se burló:
—¿No decías que no te querías casar con Hugo? ¿Por qué tanto interés?
Adriana rodó los ojos.
—...Tú empezaste con el chisme, ahora termínalo.
Valeria sonrió, sin exponer la terquedad de su hija.
—Tú sabes que el señor Jaramillo tuvo un matrimonio antes de casarse con la señora Alejandra, y tuvo un hijo mayor, el hermano de Hugo. Durante años, la gente ha creído que la familia Jaramillo es un modelo de armonía, padres amorosos y hermanos unidos. Pero la realidad no es así.
—El hermano mayor de Hugo fue influenciado por su madre biológica desde niño para desconfiar de la señora Alejandra y de Hugo. Aunque la señora Alejandra intentó ganárselo, él siempre sospechó de ella. Conforme Hugo crecía, el ambiente familiar se volvió más tenso. La razón era simple: el hermano mayor temía que la herencia terminara en manos de su madrastra y de Hugo.
—Hugo es un buen chico. Sabía lo que le preocupaba a su hermano. Para mantener la paz familiar, habló con su padre y renunció a entrar en la empresa familiar. Tampoco siguió los planes de su madre de estudiar negocios; en su lugar, se fue al extranjero a estudiar computación. El año que terminó su maestría coincidió con la transición de poder entre el padre y el hijo mayor. Para evitar conflictos, Hugo se fue lejos, a Puerto del Encuentro, a hacer su vida. Estos dos años, al ver que su hermano ya está consolidado en la presidencia de la empresa y no tiene nada que temer, y sumado a que la salud de la señora Alejandra ha decaído, Hugo decidió regresar.
—¿Adriana? ¿Adriana? Niña, me pediste que te contara y ahora estás en las nubes.
El llamado de Valeria interrumpió los pensamientos de Adriana.
Se mordió el labio, con una mezcla de emociones en la mirada: sorpresa, confusión y, sobre todo, dolor.
—Mamá, quédate sentada, yo voy a pagar. Je, je, dije que iba a consentirte por el Día de las Madres, ¿cómo voy a dejar que tú pagues?
Dicho esto, Adriana corrió al mostrador para saldar la cuenta.
Y regresó igual de rápido al reservado.
Valeria tomó su bolso para irse, pero Adriana la sujetó del brazo.
—Mamá, no es bueno hacer ejercicio justo después de comer. No hay prisa, descansemos un ratito.
¿Ir en coche al salón de belleza contaba como ejercicio?
Pero su hija estaba tan cariñosa y obediente hoy que ella lo disfrutaba, así que accedió.
Adriana se preparó mentalmente un momento y, finalmente, soltó la bomba:
—Mamá, ¿no crees que tu hija ha cambiado mucho del año pasado a este?
Valeria lo pensó. Era cierto, sonreía más y estaba más alegre.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival
Me han quitado ya mas 15 desbloqueo los capítulos me da error y no se abren que esta pasando...