Adriana parpadeó.
—Te había comentado antes que tengo una muy buena amiga en la empresa. Bueno, no, para mí es más que eso; es mentora y amiga a la vez. El cambio que ves en mí hoy se lo debo a ella.
—Qué maravilla —dijo Valeria, con la mirada alerta—. ¿Me cuentas esto porque quieres que te ayude a promover a esta amiga?
Hizo un gesto con la mano.
—La empresa no es un juego de niños. Sabes que ni a mí ni a tu hermano nos gusta el influyentismo. Si tiene capacidad, tarde o temprano los directivos la notarán, no te preocupes por eso.
—Mamá, no me refiero a eso —dijo Adriana—. Ella ya es la responsable de una filial y no tiene intenciones de seguir trepando, está contenta donde está.
¿Responsable de una filial?
Una filial de Grupo Fajardo, donde estaba Adriana, y además mujer...
Valeria frunció el ceño.
—¿Cómo se llama?
—Se llama Bianca.
Valeria se quedó en silencio.
La sonrisa en su rostro se desvaneció y miró fijamente a su hija.
—¿Me estás diciendo que tú y Bianca son muy amigas? ¿Cómo es que nunca la habías mencionado antes?
Aunque preguntó eso, por dentro Valeria estaba hecha un mar de dudas.
¿Qué significaba esto?
¿Bianca había enviado a su hija para interceder por ella?
No, eso no tenía sentido. Si hubiera querido hacerlo, lo habría hecho hace semanas; reaccionar ahora sería demasiado lento.
Fuera como fuera, atreverse a usar a su hija era cruzar la línea roja de Valeria.
El sutil cambio en la expresión de Valeria no pasó desapercibido para Adriana.
—¡Mamá, con esa cara cómo me iba a atrever a decirte! —resopló Adriana.
Valeria parpadeó confundida.
—¿Yo qué hice?
—¡Ay, mamá, qué cosas dices! —Adriana abrazó el cuello de Valeria—. Mamá, ¿sabes lo hiriente que fue que buscaras a Bianca y le dijeras esas cosas? Ponte en su lugar. Si una señora de sociedad buscara a tu hija y le dijera con arrogancia: "Ten cinco millones y aléjate de mi hijo", a tu hija se le rompería el corazón.
—Yo no fui tan así...
Sin embargo, su hija tenía razón. Haber buscado a Bianca sin más para exigirle que se alejara de Mariano había herido su dignidad.
Valeria bajó la mirada.
—¿Me estás contando todo esto hoy porque quieres que yo...?
Adriana observó la expresión de su madre y tragó saliva.
—Mamá, tú me enseñaste que rectificar es de sabios. Desde niña has sido el mejor ejemplo para mi hermano y para mí. Estoy segura de que quieres enmendar el error, ¿verdad?
Valeria entornó los ojos.
—¿Quieres que yo...?
—Que te disculpes personalmente con Bianca.
Valeria se quedó callada.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival
Me han quitado ya mas 15 desbloqueo los capítulos me da error y no se abren que esta pasando...