Grupo Sáez.
Tras llegar al acuerdo verbal con Olivia, Ramiro ahora tenía toda su atención puesta en una sola cosa: conseguir dinero.
Cinco millones. Eran cinco millones de pesos, ¿de dónde iba a sacarlos?
Ramiro estaba al borde del colapso.
Fue a buscar a Eloísa para reclamarle sus sueldos de tantos años, pero ella le señaló la cara y le gritó:
—¡Todos estos años has tragado y bebido a costillas de la familia Sáez! Tu sueldo no cubre ni lo que consumes, ¿de dónde crees que sobra dinero?
Ramiro balbuceó:
—Entonces quiero un adelanto de mi sueldo de los próximos diez años.
Eloísa frunció el ceño:
—¿Qué, planeas no comer ni beber en diez años? Te lo advierto, Ramiro, no creas que no sé para qué quieres el dinero. ¿De verdad piensas darle manutención a las Guzmán? ¡Búscate una forma que no requiera dinero!
Ramiro pensó para sus adentros: «¿Qué otra forma? Si ni siquiera puedo ver a Bianca».
Eso sin contar que la última vez que fue, terminó tres días en los separos.
El camino con Eloísa estaba completamente cerrado.
Ramiro tuvo que pensar en otra cosa.
Quiso pedir prestado a sus subordinados o colegas, pero le ganaba la vergüenza. Todos esos años, aunque tenía el título de Vicepresidente del Grupo, sabía que a sus espaldas muchos murmuraban sobre él. Decían que era un hombre hecho y derecho que vivía de arrimado, que había trepado gracias a su mujer.
Si se atrevía a pedir dinero prestado, quién sabe qué chismes inventarían sobre él.
Además, si Eloísa se enteraba de que andaba pidiendo dinero, le caería otra regañiza.
Dándole vueltas al asunto, Ramiro pensó en un préstamo bancario.
Casualmente, tenía un ejecutivo de cuenta conocido, así que lo citó de inmediato para hablar del préstamo.
El ejecutivo llegó muy contento, pero se quedó de una pieza cuando escuchó que Ramiro quería pedir cinco millones a título personal.
Ramiro, con los nervios de punta, le insistió:
—¿Se puede o no? ¡Dame una respuesta clara!
El ejecutivo fue honesto:
—Señor Pascual, el monto es muy alto, se necesita una garantía hipotecaria. ¿Tiene algún activo a su nombre que pueda hipotecar con el banco?
Ramiro se puso pálido.
—Tranquilo, cuando se logre, no faltará tu recompensa. Ocho millones, al menos ocho millones, jeje, te doy mi palabra.
La conversación adentro continuaba, pero a Ramiro le dio un vuelco el corazón al oír «ocho millones».
Sabía quién era la persona al teléfono.
Era el archienemigo del Grupo Sáez.
Últimamente, ambas empresas competían por la misma licitación. Se decía que era una competencia, pero Eloísa ya tenía apalabrado al cliente; es decir, internamente, el Grupo Sáez ya tenía ganado el contrato.
Pero si una empresa pudiera ofrecer un precio un poco más bajo que el de Grupo Sáez y un esquema mejor, entonces todo podría cambiar.
Ramiro entornó los ojos.
«Eloísa, no me culpes por traicionarte, ¡tú me orillaste a esto!».
Levantó la mano y tocó a la puerta del reservado. La persona adentro cambió de color al verlo entrar.
Ramiro se frotó las manos y sonrió:
—No te preocupes, te busco porque quiero cooperar contigo.
Tres días después, Bianca recibió otra llamada de Olivia.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival
Me han quitado ya mas 15 desbloqueo los capítulos me da error y no se abren que esta pasando...