—Ramiro dice que ya tiene el dinero listo y que tiene tiempo hoy. ¿Te queda bien ir ahora?
—Sí, me queda bien —respondió Bianca.
Al colgar el teléfono, Bianca arqueó una ceja.
No esperaba que Ramiro se las ingeniara tan rápido; consiguió cinco millones en muy poco tiempo.
La pregunta era: ¿de dónde sacó ese dinero?
Si era dinero sucio, ¿podría implicarla a ella?
Por precaución, Bianca consultó con Olivia. Para su sorpresa, la abogada también había considerado ese punto:
—Señorita Bianca, pierda cuidado. Haré constar en el acuerdo que cualquier riesgo relacionado con el origen de los fondos no tiene nada que ver con usted.
Bianca se sintió aliviada, tomó su bolso y bajó en el elevador hacia el estacionamiento subterráneo.
Lo que no esperaba era toparse de frente con Mariano y Luis.
Habían pasado varios días desde la última vez que se vieron.
Aquella vez también fue en el estacionamiento, dentro de su coche, cuando él...
Bianca bajó la mirada, sin atreverse a verlo a los ojos, y saludó en voz baja:
—Director Fajardo.
Mariano soltó un murmullo bajo de afirmación. No dijo nada más, solo la miró con una intensidad suave y profunda.
La tensión en el aire era tan densa que casi sacaba chispas.
Luis, al ver la escena, entendió todo al instante. Cuando se trata de la felicidad del jefe, hay que ser listo.
Así que aplicó la de «más vale que digan aquí corrió»:
—Director, me adelanto al coche para esperarlo.
Bianca apretó las llaves de su auto y parpadeó nerviosa.
—Tengo asuntos pendientes, me voy primero.
Cuando pasó junto a él, Mariano le sujetó suavemente el brazo. Su voz sonaba magnética y clara:
—Sobre lo de la última vez, ¿ya lo pensaste?
—¿Eh? —Bianca se quedó pasmada un instante, tardando unos segundos en procesar a qué se refería.
Se mordió ligeramente el labio inferior.
—He estado muy ocupada estos días.
Lo que quería decir era que aún no lo había pensado bien.
Una leve sonrisa se dibujó en los labios de Mariano, mientras la mano que tenía al costado se cerraba lentamente en un puño.
—No hay prisa. Piénsalo con calma.
Cuando Mariano subió al auto, vio que Luis tenía una sonrisa imposible de borrar.
—¿De qué te ríes? —dijo Mariano con seriedad—. Maneja bien.
Luis borró la sonrisa al instante, pero la curiosidad le ganó:
—Director, la marca roja que traía el otro día en la comisura de los labios... ¿fue obra de la señorita Bianca?
La mirada del hombre en el asiento trasero se enfrió de golpe.
Luis encogió el cuello, tan asustado que no se atrevía ni a respirar.
Justo cuando pensaba que su jefe no respondería, escuchó la voz tranquila de Mariano:
—Mantén este asunto en secreto. No quiero causarle problemas.
Un jefe y una subordinada; esa combinación siempre atrae chismes malintencionados.
Para un hombre con el estatus de Mariano, si surgían rumores con una mujer cuya posición no fuera «igual» a la de él, ella siempre terminaría siendo pintada como una interesada que busca trepar socialmente.
Hasta que no tuviera la capacidad de protegerla por completo, no exponerla era la mejor forma de cuidarla.
Al pensar en esto, la mirada de Mariano se oscureció un poco.
Parecía que, de ahora en adelante, él también tendría que contenerse.
Aunque quisiera, no podría demostrarlo frente a los demás.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival
Me han quitado ya mas 15 desbloqueo los capítulos me da error y no se abren que esta pasando...