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El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival romance Capítulo 357

Bianca y Olivia llegaron al lugar de la firma casi al mismo tiempo.

Ambas revisaron el acuerdo una vez más y, tras confirmar que no había problemas, Bianca preguntó sobre los honorarios.

—Por cierto, licenciada Herrera, estuve tan ocupada pensando en cómo lidiar con Ramiro que no tuve tiempo de preguntarle sus honorarios. Cuando firmemos, por favor envíeme el monto y sus datos bancarios.

Olivia sonrió:

—Claro. Este caso fue muy sencillo, no cobro mucho.

Dicho esto, mencionó una cifra que dejó a Bianca atónita.

¿Cómo podía ser diferente a lo que había visto en internet?

Se decía que la agenda de Olivia era difícil de conseguir y que era muy selectiva con sus casos, rechazando cualquier litigio con un valor menor a diez millones, por lo que sus tarifas solían ser exorbitantes.

Sin embargo, no solo había aceptado el caso de Bianca, cuyo valor era de apenas cinco millones, sino que sus honorarios eran ridículamente accesibles.

Casi al instante, Bianca pensó en Mariano.

La licenciada Herrera había sido recomendada por él, ¿sería posible que los gastos también...?

—Licenciada... —justo cuando iba a preguntar claramente, vio entrar a Ramiro.

Bianca guardó silencio de inmediato y miró a su padre biológico.

Esperaba que Ramiro llegara con mala cara, furioso, o que al menos soltara un par de indirectas venenosas contra ella y su madre, pero no hubo nada de eso.

Ramiro se sentó, echó un vistazo al acuerdo sobre la mesa y, tras confirmar que todo estaba en orden, firmó con gusto. Luego, transfirió el dinero a Bianca.

Bianca estaba desconcertada.

Era como si le hubieran cambiado la personalidad.

Desconfiada, abrió la aplicación del banco en su celular y verificó una y otra vez la cantidad de ceros en la transferencia.

Ramiro notó todos esos pequeños gestos y sonrió. Increíblemente, no se enojó; al contrario, dijo:

—Bianca, tranquila. El dinero que te da papá está limpio, son cinco millones contantes y sonantes.

Si le preguntaban si le preocupaba que Eloísa descubriera su traición, la respuesta era no.

Ya lo tenía planeado: haría un par de trabajos más y se retiraría. Luego, con varias decenas de millones en efectivo, regresaría a su pueblo natal, se buscaría una jovencita de veinte años y viviría como rey.

Su pueblo era un lugar perdido en la sierra, un rincón olvidado que nadie conocía salvo los locales.

No tenía miedo de que Eloísa lo fuera a buscar hasta allá.

Al salir del privado, mientras caminaban hacia el estacionamiento, Bianca recordó la pregunta que no había podido terminar antes.

—Licenciada Herrera, sobre los honorarios que mencionó en el privado... —lo pensó un momento y preguntó directamente—: ¿El director Fajardo le dio alguna instrucción al respecto?

Olivia se quedó un momento en blanco, pensando que esa parejita realmente tenía telepatía.

Con un brillo en la mirada, Olivia sonrió y dijo:

—Para nada. Siendo honesta, acepté el caso por consideración al director Fajardo, pero no bajé mis honorarios a propósito. Al fin y al cabo, los favores no pagan las cuentas tan bien como el dinero.

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