El sol se ocultaba en el horizonte y el cielo comenzaba a oscurecerse. Las farolas de la calle se encendieron una tras otra y el bullicioso paisaje nocturno de Ciudad Ámbar apareció sobre su cabeza cuando Bianca finalmente condujo de regreso a casa.
Al tomar su celular de la consola central, vio que Mariano le había enviado un mensaje hacía rato. No lo había notado antes, así que sostuvo el celular y respondió: «Ya llegué a casa».
Estar con la persona que te gusta era así; incluso si no lo veías, sentías una dulzura en el corazón.
Sin embargo, al abrir la puerta y bajar del coche, la sonrisa se le congeló en los labios.
No muy lejos estaba estacionado aquel familiar Maybach negro. Alexis estaba recargado frente al auto, con un cigarro entre los dedos y varias colillas esparcidas a sus pies.
Parecía que llevaba mucho tiempo esperando.
Bianca frunció el ceño. En este momento, ¿no debería estar pensando en cómo ayudar a su prometida? ¿Qué hacía aquí?
Pero muy pronto supo el motivo.
Al verla, Alexis apagó el cigarro con la suela del zapato y caminó hacia ella a pasos largos.
Bianca retrocedió medio paso por instinto, cubriéndose la nariz y la boca con gesto de desagrado.
El olor a cigarro era demasiado fuerte.
Alexis sintió una punzada en el corazón al ver el repudio desnudo en los ojos de ella y se detuvo en seco.
—Bianca... —La llamó con voz ronca.
Bianca retrocedió otro medio paso.
—No me digas que vienes a buscarme otra vez. Creí que ya te habías curado y que no volverías a interceptar gente en la oscuridad, pero veo que no te has recuperado del todo; ya te dio una recaída. Solo que... ¿lo sabe tu prometida?
Al decir esto, Bianca arqueó una ceja.
—Ah, casi lo olvido. Tu prometida ahora tiene un desastre encima que ni ella misma ha podido limpiar, así que no tiene tiempo para vigilarte.
Esas dos frases hicieron que Alexis palideciera.
Un momento después, sonrió con amargura.
—Bianca, vine a buscarte para rogarte que te detengas. Sé que Florencia no te trató bien en el pasado y sé que odias al señor Pascual, pero hacerle esto es demasiado cruel. Inventar rumores vulgares sobre una chica es realmente malicioso.
Bianca por un momento pensó que estaba escuchando un idioma extranjero, de lo contrario, ¿cómo era posible que no entendiera nada?
Ella se rio.
—Alexis, ¿acaso crees que Florencia está en esta situación por mi culpa?
Alexis frunció el ceño.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival
Me han quitado ya mas 15 desbloqueo los capítulos me da error y no se abren que esta pasando...