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El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival romance Capítulo 410

Adriana se lavó la cara, y desde que terminó de arreglarse hasta que desayunó y salió, no volvió a dirigirle ni una mirada a Hugo.

En el elevador, Hugo observaba a Adriana a través del reflejo del espejo. Quería decir algo, pero al ver que ella mantenía la cabeza baja mirando el suelo todo el tiempo, prefirió guardar silencio prudentemente.

Al llegar a la empresa, cada uno se fue a su lugar de trabajo.

Durante toda la mañana, Hugo estuvo sentado frente a su computadora, pero su mente estaba en otro lado.

—Hugo, ¿cómo implementamos este requerimiento? —Ximena Gámez se acercó con su laptop para pedirle ayuda humildemente, pero se sorprendió al ver que en el editor de código de la pantalla del jefe solo había dos líneas escritas.

Eh... ¿el jefe está "haciéndose pato" descaradamente?

Hugo, sintiéndose culpable, apagó el monitor de inmediato y se giró para explicarle los requisitos del producto a Ximena.

Cerca del mediodía, Hugo desbloqueó su celular con sus largos dedos, dudó un momento y le envió un mensaje a Adriana: «¿Tienes tiempo al rato? Vamos a comer y platicamos».

Pero Adriana respondió: «Estoy a dieta, no voy a comer».

Hugo se frotó el entrecejo.

¿Sigue enojada?

Pero si anoche no hizo nada, solo fue...

Imágenes sugerentes le vinieron a la mente y Hugo tragó saliva. Bueno, tal vez sí fue un poco demasiado.

En un restaurante cerca de la oficina.

Adriana, Bianca y Ximena comían juntas.

Al entrar al privado, antes de pedir, Adriana exclamó: —Hoy quiero el paquete extra picante.

Bianca, naturalmente, podía soportarlo, pero pobre de Ximena.

Bianca le sirvió un vaso de agua tibia a Ximena y le aconsejó con cuidado: —Si sientes que pica mucho, enjuágalo antes de comer.

Bianca lo pensó un momento. —Yo tengo tiempo, yo voy.

Luego sonrió y añadió: —¿Hay algún regalo que quieras? Lo compro antes y te lo llevo.

Ximena negó con la cabeza: —No quiero nada, que tú vayas es el mejor regalo.

Adriana soltó una risita. —Mira nada más qué barbera, parece que te untaste miel en la boca. ¿Quién te enseñó? ¿Tu hermano?

Ximena hizo un puchero. —Claro que no, yo soy simpática por naturaleza, aunque mi hermano también es muy lindo.

Dicho esto, miró a Bianca con ojos de esperanza.

Bianca fingió no darse cuenta y bajó la vista para comer.

Adriana entrecerró los ojos y sonrió con malicia. —Aconséjale a tu hermano que mejor se olvide del tema, Bianca ya es...

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