Cuando Bianca y Mariano llegaron con los regalos a la casa del profesor, solo encontraron a Sofía.
Hoy se celebraban las ceremonias de graduación de varias facultades, y el profesor Nicolás había sido invitado a dar el discurso de clausura, por lo que aún no regresaba.
—¡Ay, muchachos! Qué amables son, otra vez traen regalos —dijo Sofía con una sonrisa mientras los hacía pasar.
Les sirvió un vaso de agua y de inmediato llamó al profesor Nicolás, con una voz potente que resonó en la sala:
—Bueno, viejo, apúrate a volver, que Bianca y Mariano vinieron a verte.
Bianca y Mariano, sentados en el sofá, se quedaron en silencio.
Al colgar, Sofía volvió a sonreírles:
—Ustedes pónganse cómodos. Voy a ir al mercado, ¿se les antoja algo en especial? Díganme para comprarlo.
Bianca se sintió apenada.
—Señora, no se preocupe, comemos cualquier cosa, no somos melindrosos.
—Yo sé que tú no eres melindrosa, pero Mariano sí que tiene el pico fino. Si algo no le gusta, prefiere no tocar el tenedor antes que ofender a su paladar.
Bianca miró incrédula al hombre sentado en el sofá.
Hizo memoria de sus últimas citas; siempre había sido ella quien elegía el menú y jamás lo vio torcer el gesto.
Mariano se tocó la nariz, un poco avergonzado.
—Sofía, no me exhibas así.
Sofía tomó las bolsas de mandado y su cartera, y salió de la casa.
La sala se quedó momentáneamente en silencio, solo con Bianca y Mariano.
—¿De verdad te gustó todo lo que pedí antes? —preguntó Bianca con seriedad.
—Me gustó todo.
Bianca apoyó la barbilla en su mano.
—¿En serio?
Mariano sonrió y le acarició la cabeza.
—En serio.
Dicho esto, la tomó por la cintura.
—¿Quieres que te enseñe la casa? Mi tío tiene un montón de libros buenos escondidos en su estudio, tal vez encuentres algo que te sirva.
Mariano la abrazó por la espalda, apoyando la barbilla en su hombro para mirar la foto con ella.
—Sí, son mi tío, mi mamá y mis abuelos.
Visto así, el profesor y Valeria Castro de Fajardo se parecían bastante.
Esperen, ahí había un detalle que no cuadraba.
—¿Por qué el profesor y tu mamá no tienen el mismo apellido? —preguntó Bianca, confundida.
Era un tema privado de la familia León, pero Mariano no lo ocultó.
—Porque mi mamá fue adoptada. Era hija de un amigo de mi abuelo que falleció. Mi abuelo no quería que el linaje de su amigo se perdiera, así que no le cambió el apellido. Aunque lleve otro apellido, la relación de mi madre con mis abuelos y mi tío es excelente. Quien no los conoce bien, jamás adivinaría que no hay lazos de sangre.
—De joven, mi tío era rebelde y no siguió el camino que mi abuelo quería, por lo que su relación siempre fue tensa. Durante todos estos años, mi madre ha sido la mediadora para evitar que padre e hijo se distanciaran definitivamente.
Bianca asimiló la sorpresa inicial y asintió.
—Con razón.
No imaginaba que, incluso con todos sus logros, el profesor tampoco fuera comprendido por sus padres.
Bianca dejó el portarretratos en su lugar y quiso ver otras cosas, pero el hombre detrás de ella no la soltaba, abrazándola como si fuera un niño chiqueado.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival
Me han quitado ya mas 15 desbloqueo los capítulos me da error y no se abren que esta pasando...