—Suéltame, que alguien puede venir —dijo Bianca, abochornada, tratando de separar los dedos de él.
Mariano, en cambio, la giró, dejándola atrapada entre él y el escritorio, y bajó la cabeza en un abrir y cerrar de ojos.
Sus labios se encontraron con suavidad.
Bianca abrió los ojos como platos, sorprendida por su audacia, e intentó empujarlo por el pecho.
Pero él cerró los ojos, disfrutando el momento, y atrapó sus manos inquietas.
Bianca no tardó en rendirse y se dejó llevar.
La temperatura en el estudio subía cada vez más cuando, de pronto, se escuchó ruido en la entrada.
—¡Ay, te dije que volvieras temprano! ¿Cómo es que te tardaste tanto? Llegamos al mismo tiempo.
—¿Por qué compraste tanta comida? Te vas a cansar. Je, je, debiste esperarme para ir juntos.
—¿Esperarte? Si te espero se nos hace de noche.
El profesor Nicolás prefirió quedarse callado y, muy solicito, tomó las bolsas para abrir la puerta.
En medio de la sala, Mariano y Bianca estaban de pie, sonriendo educadamente.
Solo que estaban parados muy lejos el uno del otro, como polos opuestos, haciéndose los disimulados.
El profesor se detuvo un momento.
—¿Por qué están tan lejos?
Una sombra de culpa cruzó la mirada de Bianca, quien se rascó la cabeza.
—¿Ah, sí? Ja, ja, ja, es que la sala del profesor es muy amplia.
El profesor miró de reojo la habitación de menos de cuarenta metros cuadrados...
Miró con sospecha a su sobrino y a su alumna favorita.
Sentía que había algo raro entre esos dos.
Antes de que pudiera indagar más, sintió una palmada de Sofía en la espalda.
—Deja de decir tonterías y ven a ayudarme.
Bianca se adelantó rápidamente.
—Señora, yo le ayudo, sé cocinar.
Sofía agitó la mano.
—Tú eres visita, ¿cómo crees que te voy a poner a trabajar?
La sala volvió a quedar solo con Bianca y Mariano.
Ambos se sentaron en extremos opuestos del sofá.
—Muchacho, ya casi tienes treinta, ¿para cuándo la boda y los hijos?
Mariano sonrió.
—Usted ni siquiera tuvo hijos y ya me está presionando a mí.
El profesor puso cara seria.
—Si tú no tienes hijos, ¿quién me va a cuidar de viejo?
Mariano no supo qué contestar.
—Viejo necio, ¿qué estás diciendo? —Sofía le dio una palmada en la espalda al profesor—. Calla y come.
Sin embargo, Sofía también estaba interesada en la vida amorosa de su sobrino.
—No hay prisa por casarse o tener hijos, pero si encuentras a una buena chica, no pierdas la oportunidad. Empieza por el noviazgo.
—Está bien —respondió Mariano sonriendo.
Sofía se sorprendió. Normalmente él no decía nada cuando le daban esos consejos, pero hoy aceptó muy fácil. ¿Sería que ya le gustaba alguien?
En ese mismo instante, bajo la mesa, una mano grande tomó discretamente la muñeca de Bianca, que descansaba sobre sus piernas.
Bianca dio un respingo del susto.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival
Me han quitado ya mas 15 desbloqueo los capítulos me da error y no se abren que esta pasando...