El jefe de proyectos y el jefe de tecnología salieron disparados por la puerta.
Al llegar al elevador, se acercaron y compartieron una mirada de resignación. Esa mujer era inaguantable; por mucho dinero que ganaran, no valía la pena arriesgar la vida.
Ambos lo pensaron un momento y decidieron huir mientras pudieran.
Alexis estaba viviendo el momento más oscuro de su vida.
Tras perder la empresa, fue inmediatamente a buscar a su padre, Jonás, para pedir ayuda.
Jonás escuchó primero con incredulidad, luego apretó la mandíbula con fuerza y finalmente puso cara de apuro.
—Hijo, no es que no quiera ayudarte, es que no puedo. Cuando te pedí que cancelaras el compromiso con Florencia no me hiciste caso, y ahora que pasa esto... ay, ¿qué quieres que te diga?
Levantó la vista para mirar a su hijo.
Alexis tenía la cabeza baja y no decía ni una palabra.
Jonás sabía que su hijo debía estar arrepintiéndose mucho más que él en ese momento, pero de nada servía arrepentirse ahora.
No queriendo echarle más sal a la herida, Jonás hizo una pausa y dijo:
—Con la empresa no puedo hacer nada, pero conozco a muchos abogados de renombre, les pediré que piensen en alguna solución.
Dicho esto, sacó una tarjeta negra y la deslizó frente a su hijo.
—Esta es mi tarjeta adicional, úsala por ahora. Y sobre tu madre... mejor no le digas nada todavía, no la preocupes.
Al escuchar mencionar a su madre, Alexis despertó de su estado de entumecimiento.
Desde la primera frase de su padre, supo que no lo ayudaría.
La mirada se le endureció y esbozó una sonrisa forzada.
Resulta que su egoísmo y frialdad eran genéticos.
Alexis no tomó la tarjeta negra de la mesa; por muy bajo que hubiera caído, no iba a vivir de sus padres.
Era pleno verano y el viento en la calle era cálido, pero Alexis sentía un escalofrío en la espalda.
Desde que regresó a la familia Zúñiga, había subido paso a paso sin caer nunca.
No sabía que la caída dolía tanto.
Se subió al coche aturdido y se recargó en el asiento con el rostro lleno de cansancio.
Dicho esto, se fue a la cocina a ordenar a la empleada que preparara un caldo nutritivo para que su hijo recuperara fuerzas esa noche.
Alexis forzó una sonrisa.
—Mamá, estoy bien.
Había estado hospitalizado una semana, pero lo había ocultado tan bien que Norma no sabía nada, y él no planeaba decírselo.
Su madre había pasado la mayor parte de su vida girando en torno a su padre; aunque quisiera ayudarlo, no podría.
Decirle que estaba en problemas solo aumentaría su ansiedad.
Norma observó la expresión de su hijo; al verlo decaído, no pudo evitar refunfuñar:
—¿Qué demonios hace Florencia estos días? Le dije que te cuidara bien, ¿por qué te ves cada vez peor? ¿Te volvió a doler la herida de la espalda?
Al escuchar a su madre mencionar a Florencia una y otra vez nada más entrar, Alexis sintió una oleada de irritación.
Respondió con evasivas:
—Mamá, en serio estoy bien, solo he tenido mucho trabajo últimamente, no te preocupes.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival
Me han quitado ya mas 15 desbloqueo los capítulos me da error y no se abren que esta pasando...