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El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival romance Capítulo 460

Los ojos de Selena se enrojecieron levemente y abrazó a su hija.

—Es solo que tengo miedo. Miedo de que algún día yo no esté y no haya nadie a tu lado para cuidarte.

—Mamá, no pienses tonterías. La última vez fui a rezar por ti y Dios dijo que vivirás cien años.

Selena sonrió entre lágrimas.

—Eso no se sabe.

Bianca le hizo un puchero cariñoso.

—Vas a ver que sí; yo te quiero aquí por muchísimo tiempo.

Pronto, madre e hija terminaron de cocinar y llevaron los platos a la mesa.

Norberto se levantó para ayudar y los tres tomaron asiento.

Durante la comida, Selena lo atendió y le dijo que comiera más, pero su entusiasmo era mucho menor que antes.

Norberto levantó la vista y miró de reojo a Bianca, que estaba a su lado.

Supuso que ella había convencido a la señora.

Sintió otra punzada de dolor en los ojos.

—Ten, no comas solo arroz. Prueba esto, yo fileteé el pescado. —Norberto usó los cubiertos para poner un trozo de pescado en el plato de Bianca.

Bianca bajó la mirada y le dio un pequeño bocado.

—Mm, está bueno. No sabía que manejabas tan bien el cuchillo.

Al ver que ella finalmente estaba dispuesta a hablarle, Norberto sonrió.

—A mis dos abuelos les gustaba ir a pescar y comer mariscos frescos ahí mismo. De tanto acompañarlos, aprendí a limpiar mariscos.

Bianca asintió.

—Con razón.

La comida terminó rápido.

Ya que había pedido permiso, Bianca no planeaba regresar a la empresa esa tarde. Después de comer, se sentó en el sofá a ver la televisión, aburrida.

Norberto se ofreció a lavar los platos.

Selena rió.

—No hace falta, Bianca compró un lavavajillas el mes pasado. Ve a la sala a ver la tele.

Ya no le dijo que fuera a platicar con Bianca, solo que viera la televisión.

Norberto notó el cambio de actitud de Selena.

Bianca lo acompañó hasta el coche.

—Adiós. —Bianca se despidió con la mano.

Norberto, con el saco en el brazo y los dos primeros botones de la camisa desabrochados, lucía elegante y despreocupado, con un aire aristocrático.

Miró a Bianca, con los ojos llenos de ternura.

De repente, preguntó con voz ronca:

—¿Estás con Mariano?

Bianca se sorprendió unos segundos, pero luego asintió con firmeza.

—Sí, estamos juntos.

La noticia le pegó durísimo.

Norberto se llevó la mano al pecho e instintivamente retrocedió dos pasos.

Deseaba con todas sus fuerzas que fuera mentira, que fuera un sueño.

Después de un largo rato, dijo con voz áspera:

—Pero, ¿lo conoces bien? ¿Sabes sobre su pasado? ¡No es tan bueno como aparenta! ¡Te ha engañado!

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