Una avalancha de preguntas golpeó a Bianca, quien pasó del desconcierto inicial a sentirse francamente molesta.
Se puso a la defensiva y miró a Norberto de reojo:
—No necesito saber su historial. ¿Quién no tiene un pasado? El mío tampoco es precisamente un cuento de hadas. Lo importante es el ahora, y el Mariano de ahora es bueno y me quiere. Con eso me basta.
Los ojos de Norberto reflejaron dolor.
—¿Y yo? ¿Acaso no soy lo suficientemente bueno o no te quiero lo suficiente? ¿Por qué nunca puedes verme a mí?
Él pensaba que Bianca aún no había superado su fallida relación con Alexis. Creía tener paciencia de sobra; solo necesitaba quedarse a su lado, cuidándola, y tarde o temprano ella notaría su valía y bajaría la guardia.
Pero no esperaba que, antes de que llegara su turno, ella corriera feliz a los brazos de otro.
Norberto se sintió terriblemente frustrado.
Bianca apenas murmuró:
—Lo siento.
Lo que tenía que decirse ya se había dicho demasiadas veces. El que quiere entender, entiende a la primera; al que no, ni aunque se lo repitas mil veces.
A estas alturas, lo único que podía ofrecerle era una disculpa.
Uno no manda en los sentimientos.
Y una elección hecha tras sopesar pros y contras ciertamente no es amor.
Dicho esto, Bianca se dio la vuelta.
Con la mirada llena de tristeza y rencor, Norberto soltó:
—Mariano tiene un primer amor que lo marcó profundamente. Hace diez años, en la alta sociedad de Ciudad Ámbar, no había nadie que no lo supiera.
Bianca se detuvo en seco.
Norberto esbozó una media sonrisa y continuó:
—Después pasó algo. Los obligaron a terminar cuando más enamorados estaban. Bianca, él es menos adecuado para ti que Alexis. Una ruptura tan abrupta asegura que nunca olvidará a esa mujer. ¿Estás segura de querer estar con un hombre que guarda a otra en un rincón de su corazón para siempre?
Su tono se volvió casi un susurro:
—Bianca, solo yo... Yo no tengo ese tipo de pasado. Estoy limpio en cuerpo y alma, solo te tengo a ti.
Bianca se giró, con expresión fría:
—Entonces deberías buscarte a alguien tan «limpio» como tú, no a mí.
Sintió un vuelco en el corazón.
Sonrió levemente y negó con la cabeza:
—No pasa nada, ya se solucionó.
Sobre la visita de Norberto, decidió no decir ni pío.
Ni hablar. Por más maduro que sea un hombre, si le dices que un pretendiente fue a tu casa a buscarte, seguro hace coraje.
No quería darle preocupaciones innecesarias.
De todas formas, ya había hablado claro con su mamá y situaciones como la de hoy no volverían a repetirse.
Los ojos de Mariano se oscurecieron por un instante y una sonrisa indescifrable apareció en su rostro.
—Qué bueno. Por cierto, ¿tienes algún lugar al que quieras ir este fin de semana? Para ir reservando.
Con la canícula encima, el calor era cada día más insoportable y Bianca no tenía muchas ganas de andar en la calle. Recordó que Mariano había mencionado que tenía una sala de cine enorme en su casa.
Sin pensarlo mucho, Bianca propuso:
—¿Podemos ir a tu casa? Me refiero a la villa que mencionaste la otra vez.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival
Me han quitado ya mas 15 desbloqueo los capítulos me da error y no se abren que esta pasando...