Bianca le rodeó la cintura con los brazos.
—Está bien, no lo haré. ¿Entonces me puedes contar su historia? Quiero escucharla.
Mariano conocía el pasado de Bianca, había estado con ella en cada paso y conocía cada detalle.
En cambio, ella solo conocía el pasado de Mariano de manera borrosa, solo el contorno.
—Está bien. Hace demasiado calor aquí, sube al auto y te cuento.
Cristian era el chofer y mayordomo de la familia Fajardo. Trabajó diligentemente en la casa durante más de diez años. Tras enviudar en su mediana edad, se llevó a su hija a vivir a la residencia de los Fajardo. Todos en la casa veían a padre e hija como parte de la familia. Camila tenía una edad similar a los hijos de los Fajardo y, gracias a las conexiones de la familia, pudo ingresar a un colegio privado exclusivo.
Con el paso de los años, la relación entre Camila y Mariano se volvió cada vez más cercana. Después del examen de admisión a la universidad, formalizaron su relación.
Aunque al principio los mayores de la familia tuvieron sus objeciones, pensando que el nieto mayor de los Fajardo no debería casarse con la hija del mayordomo —especialmente el padre y el tío de Mariano, que se opusieron rotundamente—, el abuelo Orlando pensaba diferente.
Orlando opinaba que Camila había crecido bajo sus ojos, conocían sus raíces y, en cierto modo, era más de fiar que alguien de fuera. Ante la insistencia del abuelo, la familia finalmente aceptó que estuvieran juntos.
Pero la felicidad no duró mucho. Cristian terminó adquiriendo el vicio del juego.
Poco a poco, perdió todos sus ahorros.
Acosado por las deudas y sin salida, a Cristian se le ocurrió ir tras la gente de la familia Fajardo.
Planeó meticulosamente un secuestro, pero al final todo salió mal. El padre y el tío de Mariano, así como el propio Cristian, murieron en el incendio resultante.
—Después del accidente, mi abuelo y mi madre me ordenaron terminar con Camila. Yo sabía que Camila era inocente, que ella no había hecho nada malo, pero tenía que pagar por los errores de su padre. Al principio no estuve de acuerdo, incluso estaba preparado para fugarme con ella. Pensé que en unos años, cuando el abuelo y mi madre se calmaran, nos entenderían.
—Pero justo en ese momento, escuché por casualidad a Camila hablando por teléfono con un desconocido. Estaba furiosa y decía: «¡La gente ya está muerta y todavía te atreves a pedir dinero! ¡Pídeselo al Diablo!»
Bianca abrió los ojos de par en par y tragó saliva.
—Quieres decir que...
—Exacto. Sospecho que Camila tuvo algo que ver con aquel secuestro. O sabía de antemano lo de Cristian o… —Mariano apretó los puños— o ella fue la mente detrás de todo.

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival
Me han quitado ya mas 15 desbloqueo los capítulos me da error y no se abren que esta pasando...