—Esteban, si tienes tiempo, sácame a pasear un rato. Quiero que me dé el sol; el doctor dice que ayuda a cicatrizar las heridas.
—Claro que tengo tiempo. Para tus cosas, por pequeñas que sean, siempre tengo tiempo.
Camila se obligó a apartar la mirada para no cruzarla con la de él.
Esteban sonrió con un deje de melancolía, le acarició la cabeza y fue a buscar una silla de ruedas con las enfermeras.
El clima afuera era perfecto, había sol pero no quemaba demasiado. Esteban, sabiendo que Camila cuidaba mucho su piel, eligió un camino con sombra de árboles.
Mientras paseaban, para animarla, Esteban le contaba chistes y memes que había visto en internet. Camila soltaba risitas educadas.
—Camila, me sorprende que entiendas esas referencias —comentó Esteban—. A mí me costó un tiempo volver a adaptarme al humor de aquí cuando regresé al país.
Camila parpadeó, un poco rígida.
—Es que aprendo rápido.
—Cierto, antes solías empatar con mi primo Mariano en el primer lugar de la clase. En ese entonces ustedes...
Al darse cuenta de lo que estaba diciendo, Esteban se calló de golpe y cambió el tema torpemente:
—Mira esas flores en el estanque, qué bonitas.
Camila dirigió la mirada hacia el estanque y no pudo evitar recordar el año en que terminaron los exámenes de la universidad. Ella y Mariano se habían ido de viaje y encontraron un lugar similar. Rentaron una pequeña barca, se acostaron cerrando los ojos y Mariano, aprovechando que ella estaba distraída, le robó un beso en la mejilla.
Qué pasado tan hermoso.
Si no hubiera ocurrido aquella desgracia, a estas alturas ya estarían casados y tendrían varios hijos.
Pero todo se había convertido en humo.
Justo cuando Camila suspiraba para sus adentros, vio de reojo una figura familiar: Bianca.
—Esteban, tengo sed. ¿Podrías ir a traerme agua? En la habitación hay una botella, quiero agua tibia, ni fría ni caliente.
Era raro que Camila le pidiera algo, así que Esteban asintió emocionado y salió corriendo hacia el edificio de hospitalización.
La mirada de Camila se oscureció. Enseguida movió la silla de ruedas eléctrica para interceptar a Bianca.
Bianca había ido al hospital a recoger los medicamentos de su madre. Ya se iba cuando Camila le bloqueó el paso.
—Señorita Bianca, nos volvemos a ver —dijo Camila con arrogancia, levantando la barbilla.
Bianca asintió por cortesía:


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival
Me han quitado ya mas 15 desbloqueo los capítulos me da error y no se abren que esta pasando...