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El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival romance Capítulo 476

Bianca sonrió.

—Come más si te gusta.

Después de comer y beber, Mariano, muy acomedido, recogió los platos para meterlos al lavavajillas y limpió la barra de la cocina hasta dejarla impecable antes de volver al sofá.

Rodeó la cintura de la mujer y la sentó sobre sus piernas, apoyando la barbilla en el hombro de Bianca, entrecerrando los ojos con comodidad.

—Ya me urge casarnos y que vivamos juntos, ¿qué hacemos?

Bianca solo sonrió, sin responder.

El matrimonio, para ella, todavía se sentía como algo muy lejano.

Además, ahora tenían un problema más espinoso frente a ellos.

Al no escuchar respuesta de Bianca por un buen rato, Mariano abrió los ojos de golpe.

—Adriana me mandó un mensaje, dijo que...

Bianca asintió.

—Fui yo quien se lo dijo a Adriana. Al mediodía fui al hospital por las medicinas de mi mamá y me encontré con Camila.

Mariano frunció el ceño.

—¿Qué te dijo?

Bianca guardó silencio un instante.

—No fue gran cosa, excepto por lo último. Me dijo: «¿Qué pasaría si te dijera que tenemos un hijo?».

—No sé si lo dijo en serio o solo para tantear el terreno y hacer que me retire.

Bianca miró a Mariano.

—Estaba pensando... ¿es posible que ella se haya embarazado a tus espaldas, se haya ido al extranjero a tenerlo y lo haya criado allá?

—¡Imposible! —Mariano juntó las cejas, con tono firme.

—Bianca, es imposible que ella y yo tengamos un hijo: salimos apenas seis meses y nunca nos acostamos.

Bianca se quedó pasmada. ¿En serio nunca...?

Pero luego pensó en sí misma. Ella y Alexis estuvieron siete años y tampoco pasó nada.

—Bianca, ¿confías en mí?

—Sí, te creo. Pero dudo que Camila se rinda tan fácil.

Si se atrevió a decir descaradamente que tiene un hijo con Mariano, seguro ya tiene preparada la siguiente jugada. Su objetivo es desestabilizarlos y romper su confianza desde adentro.

Al entenderlo, a Mariano se le endureció la mirada.

—Si ella va a jugar sucio, yo no me voy a quedar de brazos cruzados.

Bianca negó suavemente con la cabeza.

—No seas impulsivo. Mejor esperemos a ver qué hace y reaccionamos en consecuencia.

Mariano arrugó la frente.

—No quiero que siga diciéndote estupideces.

Bianca movió los ojos, pensativa.

—Nuestro Director Fajardo está aquí.

Acto seguido, Mariano entró detrás de él, impecable en su traje formal.

Camila cambió de cara al instante, sonriendo como una flor abierta.

—Mariano, ¿viniste?

Mariano alzó la vista hacia su pierna.

—¿Cómo va tu recuperación?

Camila se mordió el labio.

—Mal. El doctor dice que mi estado emocional es inestable, por eso no mejoro.

—Y estoy mal porque no venías a verme.

Mariano le hizo una seña a Luis, quien salió de la habitación cabizbajo.

La sonrisa de Camila se amplió.

—Mariano, por fin aceptaste venir a verme, estoy muy feliz.

Mariano caminó hacia el sofá y se sentó.

Sus ojos eran profundos y su mirada recorrió a Camila.

—¿Escuché que me diste un hijo? ¿Ah?

La sonrisa en el rostro de Camila se congeló.

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