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El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival romance Capítulo 477

Mariano continuó:

—¿Cómo es que no recuerdo haber tenido esa clase de intimidad contigo?

Curvó ligeramente la comisura de los labios, mostrando una burla sutil.

Desde el momento en que se lo soltó a Bianca, Camila ya se había preparado mentalmente.

Por eso, ante el cuestionamiento de Mariano, no mostró ni pizca de pánico.

Camila respondió:

—No es que no haya pasado, es que se te olvidó.

Mariano entrecerró los ojos.

—¿Se me olvidó?

Camila desvió la mirada, apretando las sábanas con las manos, y sus mejillas se tiñeron de rojo.

—Cuando tu abuelo, el señor Orlando, nos obligó a terminar, tú peleaste con él hasta que se te inyectaron los ojos de coraje. Esa noche te acompañé a un bar para ahogar las penas, y esa noche... te emborrachaste.

Mariano soltó una risa fría.

—Sentido común básico: un hombre demasiado borracho no funciona.

Camila replicó:

—Es cierto, pero usé... métodos especiales.

El rostro del hombre se oscureció de inmediato.

La habitación del hospital cayó en un silencio sepulcral.

Una sombra de tristeza cruzó la mirada de Camila.

—No fue mi intención ocultártelo. Me enteré hasta que estaba en el extranjero. Cuando el médico me dijo que tenía cuatro meses, entré en pánico. Ya sabes, después de lo que pasó con mi papá, tuve una crisis nerviosa y mi periodo era irregular, así que pensé que era un desajuste hormonal, nunca imaginé que fuera un embarazo.

—Cuando lo supe, sentí una mezcla de sorpresa y alegría. Quise llamarte para decirte que íbamos a tener un bebé, pero recordé las cosas horribles que me dijiste antes de que me fuera y me quedé con las ganas. Preferí que no supieras nada antes que volver a escucharte hablar con ese odio. Así que decidí tener al niño en otro país y criarlo yo sola.

Camila hizo una pausa, miró a Mariano y sonrió con autodesprecio.

—Mariano, no importa. Si no quieres reconocer al bebé, está bien. Asumamos que es solo mío.

—Si es así, ¿entonces por qué se lo contaste a Bianca? —la voz del hombre parecía haber sido sumergida en agua helada.

Camila apretó los dientes.

¡Efectivamente, vino a defender a Bianca!

—Entonces, ¿viniste a reclamarme? —dijo Camila con tono de víctima—. Te di un hijo, y lo primero que haces al enterarte no es alegrarte, ¡sino reclamarme por qué se lo dije a tu novia! ¡Mariano, me decepcionas!

Mariano se burló.

Mariano detuvo sus pasos.

—¿Se puede?

—Claro que sí —Camila desbloqueó su celular, buscó las fotos que tenía preparadas y se lo pasó al hombre—. Mira.

Mariano tomó el celular y pasó las fotos con detenimiento; la ternura en sus ojos era evidente.

El corazón de Camila latía a mil por hora.

Sí, así es.

Justo como lo imaginó.

Hasta el hombre más frío se ablanda frente a su propia descendencia.

Parece que su plan estaba funcionando.

Con una sonrisa en los labios, Camila aprovechó para echarle más leña al fuego.

—¿A poco no tiene tus mismos ojos? He visto fotos tuyas de pequeño y son idénticos.

Un destello oscuro cruzó la mirada de Mariano.

—¿Ah, sí? Pero los plátanos y los humanos comparten el 50% de su ADN. En este mar de gente, encontrar a alguien con ojos parecidos no es cosa difícil.

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