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El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival romance Capítulo 508

Héctor subió un pie a la mesa y se escarbó los dientes con descaro.

—Uy, ¿ya no aguantas la verdad y te enojas? Somos familia, no nos hagamos tontos. En esta familia... todos somos unas fichitas.

Camila temblaba entera, mirándolo con odio.

Héctor no tenía miedo en absoluto; al contrario, dijo con calma:

—No creas que no sé que el plan del secuestro de aquel entonces fue idea tuya. Al principio, yo solo le dije a tu papá que robara algunas cosas de valor para venderlas, pero tú fuiste la que le dio la idea de secuestrar a los dos hermanos Fajardo y pedir un rescate para sacar una tajada grande. ¡Y mira el resultado! Tu papá, ese inútil, dejó que lo descubrieran a medio camino y terminó muriendo con ellos, echando a perder todo el plan.

—Esperé toda la noche a tu papá, pero en su lugar llegó la policía. Mi querida sobrina, si no hubiera sido porque tú me denunciaste, ¡yo no habría pisado la cárcel!

Años atrás, cuando Héctor trabajaba en el sur, había cometido varios robos y asaltos, y la policía de allá lo había estado buscando durante años.

Fue Camila quien llamó a la policía y dio las pistas para que lo arrestaran. Sumando todos los delitos, a Héctor le cayeron ocho años de prisión, pero por buena conducta salió un año antes.

Héctor se tocó el ojo izquierdo con expresión sombría.

—Este ojo lo perdí en la cárcel.

Dicho esto, se levantó furioso y pateó la mesa frente a él.

En dos zancadas llegó hasta Camila y la agarró del cuello con fuerza:

—¡Maldita sea! Si no fuera por ti, no habría estado encerrado ni habría perdido un ojo. ¡Todo es tu culpa! Esa vez dijiste que si cooperaba con tu papá, me darías dos millones después del golpe. Pero ahora dos millones no sirven para nada. ¡Quiero veinte millones!

—Te doy tres días. Prepara veinte millones en efectivo para mí. Si no, le contaré a Orlando la verdad sobre la muerte de su hijo. ¡Que tu hijo sepa qué clase de víbora venenosa es su madre!

Camila, con dificultad para respirar, golpeaba desesperadamente la mano de Héctor y dijo con voz ronca:

—Te... te los... cof, cof... te los doy, te los doy... ¡Suéltame!

Héctor la soltó y Camila cayó al suelo como un trapo, tosiendo sin parar y respirando bocanadas de aire.

Capítulo 508 1

Capítulo 508 2

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