La voz grave hizo que Bianca y Sergio se sobresaltaran y giraran la cabeza al mismo tiempo.
Al ver a Mariano, Bianca se quedó pasmada.
¿Por qué no se había ido? ¿Necesitaba quedarse a comer para leer? ¿No era mejor llevarse el libro a casa?
Bianca solo se atrevió a hacerse esas tres preguntas mentalmente; por fuera mantuvo la calma y preguntó con una leve sonrisa:
—¿Tú también vas a comer aquí?
—Sí, voy a seguir leyendo en la tarde.
Sergio observó detenidamente a Mariano. Su ropa, su porte y sus modales eran impecables; parecía un heredero de familia rica. Pero, ¿por qué le resultaba familiar?
Se guardó la duda y no dijo nada.
Bianca siguió la sugerencia de Mariano y pidió carne asada y pollo, añadió una guarnición de verduras y medio tazón de arroz. Luego, ella y Sergio buscaron una mesa vacía con sus charolas.
Apenas se sentaron, Mariano jaló la silla junto a Bianca con total naturalidad, como si los tres fueran un grupo desde el principio.
Bianca y Sergio intercambiaron miradas incómodas.
Sergio le hizo señas discretas a Bianca: «¿Quién es este?».
Bianca recordó que no los había presentado.
—Él es el jefe de mi nueva empresa, Mariano.
Luego señaló a Sergio y sonrió:
—Y él es Sergio, casi fuimos compañeros hace cinco años, y ahora es algo así como mi tutor para el examen de la maestría.
Sergio sonrió y asintió hacia Mariano.
—Un gusto, señor Fajardo.
Tras las presentaciones, Sergio y Bianca se pusieron a hablar de estudios mientras comían. Mariano, a su lado, permaneció en silencio todo el tiempo.
Cuando casi terminaban, Bianca recordó que tenía a una figura importante a su lado. Ese hombre tenía el control de su futuro profesional, no podía ignorarlo.
Lo pensó un poco y se giró hacia él:
—Mariano, cuando estábamos pidiendo, dijiste que la carne y el pollo eran mejores. ¿Cómo sabías que la comida de aquí es buena? ¿Vienes seguido a la universidad?
Mariano tomó un bocado con calma.
—Sí, mi tío da clases aquí. De niño venía mucho a buscarlo.
¿Su tío?
Sergio por fin recordó dónde había visto a ese hombre elegante y distinguido. En casa del profesor Nicolás.
Sus ojos brillaron.
—¿Su tío es el profesor Nicolás?
En las canchas acababa de terminar un partido de basquetbol y una multitud de espectadores salía de las gradas. Alguien empujó a Bianca por accidente y ella perdió el equilibrio hacia atrás.
—Cuidado.
Una mano grande y firme la sostuvo por la cintura justo a tiempo.
Bianca levantó la vista y vio la línea limpia de la mandíbula del hombre; un aroma amaderado, muy masculino, le llegó a la nariz, y su corazón perdió el ritmo por un segundo.
—Gracias, estoy bien. —Bianca se enderezó. Su corazón seguía latiendo con fuerza. Se alejó discretamente y caminó rápido mirando al suelo.
Mariano bajó la mirada hacia su mano derecha. La sensación de suavidad aún persistía en su palma, enviando un cosquilleo por todo su cuerpo.
Sacudió la mano y caminó a grandes zancadas hacia adelante.
Nico pensó que estaba alucinando, pero mientras más miraba, más seguro estaba de que esa espalda era de Bianca.
¿Pero quién era el hombre con ella? Claramente no era su buen amigo Alexis.
¡El tipo la acababa de abrazar! ¡Eso era demasiado íntimo!
Pero luego pensó: «Esa arrastrada de Bianca jamás le pondría el cuerno a Alexis».
Tomó una foto y la mandó al chat de los tres amigos.
[Alexis, checa esto, ¿esa no es tu rogona?].

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival
Me han quitado ya mas 15 desbloqueo los capítulos me da error y no se abren que esta pasando...