Al escuchar ese nombre, los ojos de Camila se abrieron de par en par y todo su cuerpo se estremeció.
¿Héctor no estaba muerto?
¡No, imposible!
¿Cómo podría haber sobrevivido a una caída en un pozo tan profundo?
Márquez captó todo su pánico. Sacó una foto de Héctor y se la puso enfrente:
—Señorita Quintero, ¿conoce a esta persona?
Camila negó con la cabeza instintivamente, su voz sonando aguda y estridente:
—¡No, no lo conozco!
—¿Ah, no? —replicó Márquez—. Sin embargo, ambos se apellidan Quintero. Además, hay testigos que los vieron entrar y salir del mismo motel.
Dicho esto, Márquez le mostró un video de vigilancia que ya tenía preparado.
Camila desvió la mirada y negó rotundamente:
—Puede que hayamos coincidido en el mismo motel, pero no lo conozco. En cuanto al apellido, es muy común. Hay miles de Quinteros en el país, seguro en ese motel había varios. ¿Por qué no sospecha de ellos?
Los demás ya estaban impactados al escuchar que la víctima también se apellidaba Quintero.
¿Acaso ese Héctor era pariente de Camila?
Varios empleados que llevaban media vida trabajando en la finca conocían bien a Camila.
En aquel entonces, Cristian había dicho que era hijo único. ¿De dónde salía ahora un pariente?
Esteban eligió seguir creyendo en Camila y afirmó categóricamente:
—¡Imposible! ¡Seguro que Héctor la está incriminando! Oficial, mírela bien. Camila es tan débil, ¿cómo podría matar a un hombre adulto?
Márquez lo miró como si fuera idiota.
—Muchos asesinos parecen frágiles y poca cosa, pero eso no les quita lo despiadados.
Se volvió con calma hacia Camila.
—No importa, señorita Quintero. Tenemos más pruebas.
Camila levantó la cabeza. Las lágrimas se deslizaron lentamente por sus mejillas, cayendo una a una sobre el dorso de la mano de Esteban.
Al verla así, Esteban sintió un dolor más agudo que si lo hubieran apuñalado; deseaba poder sufrir el castigo en su lugar.
—Camila, tranquila. Mientras no lo hayas hecho, nadie podrá incriminarte. ¡Yo siempre estaré de tu lado!
Camila sonrió con tristeza, y las lágrimas rodaron con más fuerza, inundando su rostro.
—Gracias, Esteban. Gracias por creer en mí.
Giró la cabeza y se encontró con la mirada del oficial Márquez. Incluso en ese momento, su rostro reflejaba una terquedad absoluta.
—¿Quién lo salvó?
El corazón de Esteban dio un vuelco doloroso. Al darse cuenta del significado implícito en las palabras de Camila, retrocedió dos pasos involuntariamente.
Camila levantó ligeramente la barbilla, con los ojos inyectados en sangre, y gritó con todas sus fuerzas:
—¡Dígame quién lo salvó! ¡Esa basura no merece vivir! ¡Debería pudrirse en el infierno! ¡Él arruinó mi vida y la de mi padre! ¡Lo destruyó todo!
Todos los presentes dieron un salto del susto.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival
Me han quitado ya mas 15 desbloqueo los capítulos me da error y no se abren que esta pasando...