El cuerpo de Orlando no resistió y se fue hacia atrás, pero por fortuna Mariano reaccionó rápido y lo sostuvo con firmeza.
—Samuel, ayuda a mi abuelo a subir a su habitación para que descanse —ordenó Mariano.
Sin embargo, Orlando agitó la mano.
—No hace falta, estoy bien.
Tenía que ver con sus propios ojos por qué la madre biológica de su bisnieto quería matar a alguien.
El oficial Márquez apretó los labios, como si dudara si decirle o no a Camila.
—Fueron mis hombres quienes lo salvaron —intervino Mariano con frialdad, dando un paso al frente.
Camila levantó la cabeza lentamente. En sus ojos se mezclaban la incredulidad, el asombro y el autodesprecio.
Pasó un largo rato hasta que preguntó, apretando los dientes:
—¿Me mandaste seguir?
Mariano asintió.
—Así es.
—¿Desde cuándo?
—Desde que dijiste que esperabas un hijo mío.
Camila comenzó a reír mientras lloraba, con una actitud un tanto desquiciada.
—¡Así que nunca confiaste en mí desde el principio!
De pronto, su tono se volvió cruel.
—Pero no importa. Fue intento de homicidio, así que no estaré muchos años en la cárcel. Además, mi hijo ya entró en la familia Fajardo; mi mayor deseo se ha cumplido.
Mariano soltó una risa gélida.
—Te equivocas. No solo es intento de homicidio; cargas con tres vidas sobre tus hombros.
La espalda de Camila se puso rígida y un sudor frío le recorrió el cuerpo.
—¿Qué quieres decir?
La voz de Mariano era calmada, pero brutal:
—Héctor lo confesó todo. El secuestro de mi papá y mi tío hace años fue idea tuya. Tu padre, Cristian, solo siguió tu plan para unirse a Héctor en ese negocio de secuestro y extorsión.
—No es verdad, no fue así... Me obligaron, no tenía salida... Solo quería que mi papá pagara sus deudas con los usureros, nunca quise hacerle daño a nadie. Pero el destino me jugó una broma cruel. ¡De la noche a la mañana, perdí a mi familia y al amor! ¡Si hay que culpar a alguien, culpen a mi mala suerte!
Al mencionar el secuestro de aquellos años, la conmoción se renovó.
Todos creían que el verdadero culpable había sido Cristian, quien ya había fallecido, pero nadie imaginaba que la mente maestra detrás de todo fuera Camila.
¡Era inconcebible!
Camila fijó sus ojos oscuros en Mariano.
—¿Cómo lo supiste? ¿También te lo dijo Héctor?
—En realidad —respondió Mariano—, poco después del accidente de aquel entonces, ya sospechaba de ti.
El corazón de Camila dio un vuelco y abrió los ojos de par en par.
Jamás imaginó que Mariano desconfiara de ella desde hacía tanto tiempo.
—¿Qué demonios significa esto? —Orlando se llevó una mano al pecho y con la otra golpeó el bastón contra el suelo.
Las oleadas de información lo golpeaban como una bestia salvaje. Miró a su nieto mayor con los ojos nublados.
—Mariano, tú... dices que sospechabas desde entonces. ¿Por qué no dijiste nada?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival
Me han quitado ya mas 15 desbloqueo los capítulos me da error y no se abren que esta pasando...