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El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival romance Capítulo 536

Mariano se frotó las sienes y respondió con un murmullo bajo: —Mmm. ¿Qué dicen en Código Quetzal?

El anciano, que todavía estaba inmerso en la tristeza de ver partir a su nieto y a su bisnieto, sintió que la sangre le hervía al escuchar esa pregunta tan pragmática.

—Jum, ¿tanta prisa tienes?

—La empresa es un caos sin nadie al mando —explicó Mariano—. Estamos a punto de perder varios clientes a manos de la competencia. ¿Cómo no voy a estar ansioso?

—Deja de buscar excusas baratas. Lo que pasa es que te duele verla así.

—Abuelo, ¿de qué estás hablando? No te entiendo.

—¡No te hagas el tonto conmigo! Dime la verdad, ¿qué relación tienes con Bianca?

Mariano arqueó una ceja.

—¿No mandaste a investigar? ¿Acaso tus informantes no te lo dijeron?

El anciano se quedó sin habla por un momento, sofocado por el coraje.

—¿Están saliendo? Te lo advierto, no estoy de acuerdo con que estés con ella. Teniendo el ejemplo de Camila, ya deberías haber aprendido la lección.

—¿Qué lección? ¿Acaso son comparables? —Mariano separó los labios apenas lo justo para soltar las palabras con frialdad—: Con quién salgo o con quién me caso es asunto mío y de nadie más. Eso te incluye a ti.

Orlando estaba que echaba chispas. Golpeó el suelo con su bastón, furioso.

—Maldito muchacho, solo sabes hacerme enojar.

Tras soltar un suspiro profundo y pesado, el anciano agregó:

—Código Quetzal tiene un potencial enorme. Planeo transferir a alguien de la junta directiva para que se encargue personalmente de la empresa. ¿Qué opinas?

Mariano guardó silencio unos segundos y entornó los ojos.

—Bien. Me parece perfecto.

—¿En serio?

—Por supuesto.

—Excelente. Entonces dejaré Código Quetzal en manos de tu gente y trasladaré a la subdirectora Guzmán a dos de mis empresas personales. Ya sabes, también se dedican a la tecnología financiera; los productos y los clientes se solapan. Con la capacidad de la subdirectora Guzmán, quizá en medio año logre que esas empresas superen a Código Quetzal.

—Tú… —Orlando estaba realmente indignado.

—¿Y Esteban? ¿Sigue empacando?

—Sigue en eso. Su vuelo es esta noche, así que podrá cenar con usted.

—Pero solo será esta comida. Los días por venir serán largos y solitarios.

Cuando uno envejece, se aferra a la idea de tener a los hijos y nietos cerca. Pero los dos hijos de Orlando fallecieron jóvenes, por lo que su esperanza recaía en que sus nietos se casaran y formaran una familia pronto.

Una casa llena de gente y ruido, qué bonito sería.

—No se preocupe, el señor Mariano seguro se casará pronto. Cuando tenga un par de hijos, el jardín se llenará de risas.

—Ay, ese muchacho Mariano… olvídalo, mejor no hablemos de él, solo de pensarlo me da el patatús. Y en cuanto a Adriana… esa niña tiene un carácter aún peor.

El anciano hizo cuentas mentales y sintió un frío en el corazón.

No sabía cuándo podría cargar a un bisnieto.

En ese momento, alguien entró a anunciar:

—Señor, la familia Jaramillo pide verlo.

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