Bianca forcejeó y le gritó con rabia:
—¿Tú le pediste a alguien que me engañara para traerme aquí? ¡Suéltame!
Alexis curvó los labios en una sonrisa.
—Bianca, sigues siendo tan lista como siempre.
Su sonrisa se tiñó de amargura.
—Pero si eres tan lista, ¿por qué sigues enredada con Mariano? Él no es tan bueno como crees. Yo no soy un santo, ¿pero acaso él es mejor que yo? ¿Por qué prefieres volver con él y ni siquiera me volteas a ver?
Al final, su rostro se desfiguró por la ira.
—¡Yo soy el que más te ama!
Al escucharlo compararse con Mariano, Bianca quiso reír, pero al oír que él era quien más la amaba, sintió ganas de vomitar.
No tenía intención de cruzar una sola palabra más con él; el simple hecho de mirarlo le resultaba repugnante.
Bajó la cabeza y, sin pensarlo dos veces, le mordió el brazo con todas sus fuerzas.
El hombre soltó un gemido ahogado, pero no hizo el menor intento de soltarla.
En sus ojos solo había una excitación enfermiza.
—Muerde... entre más profundo muerdas, más fuerte será nuestro vínculo.
«¡Está loco!».
Bianca rechinó los dientes del coraje. Levantó la pierna para darle una patada en la entrepierna, cuando de pronto sintió un piquete frío en el hombro.
Volteó horrorizada y vio una jeringa clavada en su piel.
El líquido helado entraba en su cuerpo.
Bianca no tuvo tiempo de luchar. Su cuerpo se volvió blando como el algodón y se deslizó hacia el suelo.
Alexis la sostuvo de la cintura a tiempo y la abrazó con fuerza.
Cerró los ojos, sintiendo la dicha de haberla recuperado.
—Bianca, muy pronto volveremos a ser como antes.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival
Me han quitado ya mas 15 desbloqueo los capítulos me da error y no se abren que esta pasando...