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El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival romance Capítulo 544

—Sí, alguien debió sobornar a ese estudiante.

Siguieron viendo la grabación, pero de pronto la pantalla mostró solo estática y sombras.

El rostro de Mariano se oscureció.

—¿Qué pasó ahí?

El guardia de seguridad se rascó la cabeza, apenado.

—Esas cámaras se descompusieron el año pasado.

Mariano apretó los dientes.

—¿Y por qué no las arreglaron?

—Es una zona apartada, casi nadie pasa por ahí, y como no había presupuesto, pues...

Mariano se quedó callado, reprimiendo las ganas de gritar.

Respiraba con dificultad. Sabía que no ganaba nada enojándose con un simple guardia, pero tenía una furia contenida que necesitaba sacar.

—Busquemos a ese alumno primero —dijo el profesor Nicolás.

El profesor consiguió rápidamente el contacto del estudiante a través del sistema escolar.

El chico no lo ocultó y admitió todo de inmediato:

—Sí, yo le di el recado. Un tipo me dijo que era su novio, que había hecho algo que la hizo enojar y estaban peleados. Quería aprovechar para contentarse, así que me pidió el favor.

El alumno no entendía la gravedad del asunto y se justificó:

—Me pareció que el novio era un chavo con dinero y guapo, así que quise echarles la mano. No hice nada malo.

Mariano apretó los puños. No tenía tiempo para darle una lección ahora.

—¿Cómo era ese hombre? —preguntó con la mandíbula tensa.

El estudiante se rascó la cabeza.

—Pues... guapo, se veía como un mirrey, un hijo de papi. ¡Ah, sí! Traía un Maybach del año, super equipado.

Fue como si le hubiera caído un rayo.

La mente de Mariano se quedó en blanco unos segundos y perdió el color del rostro.

¿Acaso era... Alexis?

Retrocedió dos pasos, incrédulo, con la espalda empapada en sudor frío.

Si realmente era Alexis, ¿qué planeaba? ¿Qué le iba a hacer?

Su mente se llenó de escenarios aterradores. El arrepentimiento lo inundó. Debió haber estado más alerta; ¿cómo pudo ser tan estúpido para tardar una hora en darse cuenta?

El auto había desaparecido en la zona del muelle.

Se dirigió allá a toda velocidad, pero no encontró nada.

Ni el auto, ni las personas.

¿Habrían subido a un barco? ¿A un crucero?

¿Cuál había sido la última salida?

El administrador del puerto le informó que un barco había zarpado hacía una hora.

—¿Qué antecedentes tiene ese barco? —preguntó Mariano con voz gélida.

—Es una embarcación extranjera, no tenemos claros sus antecedentes.

Mariano apretó los puños con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos. Su mirada era tan fría y su aura tan intimidante que nadie se atrevía a acercarse.

Cuando Adriana y Hugo llegaron, lo encontraron en ese estado.

Ambos se asustaron.

Nunca habían visto a Mariano con esa mirada tan sombría. Incluso ante los problemas más difíciles, él siempre mantenía la compostura.

Cuando recién tomó el control del grupo empresarial, los viejos socios intentaron pisotearlo, pero él apenas fruncía el ceño, sin tomarlos en serio.

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