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El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival romance Capítulo 55

—¿Amigos? —Verónica soltó una risita burlona—. ¿Qué amigos tienes tú aparte de mí?

Bianca tenía una personalidad reservada. Desde que entró a la universidad, se la pasaba ocupada con trabajos de medio tiempo para pagar la matrícula, así que no tenía tiempo para socializar.

Más tarde, su situación económica mejoró gracias a que escribía código para otros y a un par de patentes que logró registrar, pero entonces empezó a salir con Alexis. Su mundo giraba en torno a él, dejándola sin tiempo para hacer amistades.

Verónica sabía perfectamente que, en todos estos años, ella era la única amiga que Bianca tenía.

Por eso, cuando Bianca dijo que había venido a cenar con una amiga, Verónica no le creyó ni una palabra.

Bianca ignoró su sarcasmo y le devolvió la pregunta:

—¿Y tú por qué estás aquí?

—Por trabajo, obviamente. —Verónica agitó la carpeta que llevaba en la mano con aire de suficiencia—. Vengo a entregarle un...

Casi se le escapa el nombre de la «Señorita Florencia».

Verónica hizo una pausa y corrigió:

—Le traigo unos documentos al director Zúñiga. Está atendiendo a unos clientes.

«¿Alexis también está aquí?».

Bianca se quedó helada un momento.

—Ah, ya veo. Adelante entonces. —Bianca no quería ver a Alexis, y mucho menos que él la viera con Adriana.

Después de todo, Código Quetzal, que pertenecía a Grupo Fajardo, y Teje el Futuro eran competencia. Temía que si Alexis se enteraba de que trabajaba en Código Quetzal, no la dejaría ir tan fácilmente.

Bianca se dio la vuelta para salir, pero Verónica la detuvo.

—Oye, ¿no vas a esperar a tu amiga?

—La esperaré afuera.

Al ver la espalda de Bianca alejarse casi como si huyera, Verónica sonrió con desdén.

«Qué terca, insistiendo en que vino con una amiga cuando es obvio que vino sola. ¡Quién sabe qué vino a hacer realmente!».

Las puertas del elevador se abrieron y Verónica casi choca de frente con Adriana.

Verónica estaba a punto de armar un escándalo, pero se frenó en seco al notar que el bolso de la mujer era Hermès, el collar Cartier y la ropa de la última colección de Chanel.

Quien pudiera gastar así en este lugar, debía ser alguien muy rico o muy influyente.

Verónica no podía permitirse ofenderla.

Se hizo a un lado sumisamente para dejar pasar a Adriana.

Adriana no vio a Bianca en el vestíbulo; la encontró parada frente al carro al salir.

—¿Por qué te saliste? —preguntó Adriana.

Bianca improvisó una excusa:

—La noche está muy linda.

Apenas terminó de hablar, un Rolls-Royce se detuvo frente a ellas.

Ese carro era...

—No vengan tanto a este tipo de lugares en el futuro.

Adriana hizo un puchero.

—Tú vienes a cada rato.

—Yo vengo por negocios.

Adriana sintió que algo no cuadraba. Ella había venido muchas veces antes y su hermano nunca había dicho nada. Hoy, solo porque venía con Bianca, él se ponía así...

—Mariano.

—¿Qué?

Adriana entrecerró los ojos.

—¿A ti te gusta Bianca?

Mariano le lanzó una mirada severa.

—No digas tonterías.

—¿Qué tiene de malo? A mí me cae muy bien, y creo que hacen bonita pareja —dijo Adriana, decidida a jugar a cupido.

Mariano se frotó el entrecejo y la apresuró.

—Vayan con cuidado.

Mariano no retiró la mirada hasta que el carro se perdió en la distancia.

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