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El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival romance Capítulo 54

Bianca pensó que Adriana la llevaría a un restaurante, pero no fue así. La llevó a un club privado.

Era la primera vez que Bianca entraba a un lugar tan exclusivo y no pudo evitar mirar a su alrededor con curiosidad.

Adriana entró con familiaridad, dio el número de reservación y un mesero muy guapo las llevó a un reservado, entregándoles el menú.

—Yo invito, Bianca. Pide lo que quieras —dijo Adriana levantando la barbilla con gesto magnánimo.

Bianca se sorprendió.

¿Bianca?

Era una forma muy familiar de llamarla.

Adriana arqueó una ceja:

—Le pregunté a mi hermano, nacimos el mismo año, tú eres solo dos meses mayor que yo. Fuera de la oficina, te puedo llamar Bianca, ¿no?

Bianca sonrió con resignación:

—Claro que sí.

Después de ordenar, Bianca tomó su vaso de agua y miró a la chica vivaz frente a ella. Sonrió para sí misma. La verdad es que Adriana tenía muy buen carácter, no estaría mal tenerla de amiga.

Amiga...

La mano de Bianca se tensó alrededor del vaso.

De niña veía a Verónica como una hermana, de grande como su mejor amiga, y solo recibió traición a cambio. Esa amistad, al igual que su relación amorosa, la había traicionado.

Al pensar en eso, Bianca bajó la mirada.

La comida llegó pronto y las dos platicaron mientras cenaban.

Adriana no tenía muchos filtros. No se guardó nada por el hecho de conocerse hace apenas dos semanas; al contrario, le soltó toda su vida a Bianca. Lo bueno, lo malo, sus momentos de gloria y sus vergüenzas.

Bianca asentía de vez en cuando y a veces se reía tapándose la boca con las ocurrencias de Adriana.

Cuando la cena estaba por terminar, Adriana apoyó la barbilla en su mano y preguntó:

—Bianca, ¿y tú qué onda?

Bianca sonrió y no dijo más. Claramente no quería hablar del tema.

«Se ve que el ex la lastimó mucho», pensó Adriana.

Adriana suspiró. Realmente admiraba a Bianca, no solo quería ser su amiga, sino también su cuñada. De verdad sentía que Bianca y su hermano harían buena pareja; ambos eran calmados, racionales, muy inteligentes y visualmente se verían muy bien juntos.

La única diferencia era el nivel socioeconómico. Pero eso no importaba; a la familia Fajardo no le importaban esas cosas. Eran la familia más rica de Ciudad Ámbar, no necesitaban casarse por interés para consolidar su estatus.

Adriana tenía el presentimiento de que solo una mujer como Bianca podría ayudar a su hermano a superar las sombras de su relación pasada. Solo había que esperar; el tiempo lo cura todo.

Después de cenar, bajaron, pero al llegar al vestíbulo, Adriana dijo que había olvidado algo y subió a buscarlo, dejando a Bianca esperando.

Bianca, un poco aburrida, se puso a observar el vestíbulo del club. La decoración era realmente ostentosa. Con razón a los ricos les gustaba venir aquí.

—Bianca, ¿qué haces aquí? —la llamó Verónica.

Bianca se dio la vuelta y la miró con esos ojos tranquilos como el agua.

—Vine a cenar con una amiga.

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