Él se quedó sin palabras un momento.
—Yo... tú...
—¡Nada de «yo, yo, yo» ni «tú, tú, tú»! ¡Dile a tu asistente que me reserve un boleto a mí también!
Su voz era rápida y urgente, con un tono de molestia y exigencia. Jaime, por instinto, volvió a marcarle al asistente.
—Resérvame otro boleto.
De pronto recordó que Bianca no tenía documentos y frunció el ceño.
—La otra persona no tiene pasaporte, busca la forma de solucionarlo.
Dicho esto, colgó decididamente antes de que el asistente pudiera empezar a quejarse.
Bianca asintió satisfecha. Así estaba mejor. Pero Jaime se encontró con un dilema. Se puso en cuclillas para quedar a la altura de la vista de Bianca y la miró fijamente.
—El día que te rescaté no me fijé... ¿tienes algún contacto de tu familia contigo?
Bianca negó con la cabeza.
—No, revisé todo en la mañana y no tengo nada.
Al decir esto, Bianca se sintió angustiada. ¿Cómo había llegado allí? ¿Por qué no traía nada encima? ¿O se le habría caído todo al mar? Cualquiera de las dos opciones probaba que era una persona impulsiva. Suspiró, pensando que en el futuro no podría ser tan caprichosa; ante los problemas, debía mantener la calma, mucha calma.
Jaime apretó los labios. Él tampoco tenía el contacto de Selena. Podría pedirle a su tío que investigara, pero tenía que irse esa tarde y no había tiempo para esperar noticias, y mucho menos le daba confianza dejar a Bianca sola. Tras pensarlo mucho, decidió llevarse a Bianca a Londres primero. Ya verían qué hacer una vez allá.
Cuando el avión aterrizó en Londres, ya había anochecido por completo. A diferencia de Ciudad Ámbar, aquí el clima era húmedo y frío. Al salir del aeropuerto, Bianca no pudo evitar estremecerse. Al ver esto, Jaime se quitó el abrigo y se lo puso sobre los hombros.
—Cuidado, no te vayas a resfriar. Acabas de recuperarte, tu cuerpo no aguantaría una gripe.
Bianca parpadeó y soltó un «mmm», sintiendo una corriente cálida en el corazón. Este hombre no estaba mal, sabía preocuparse por la gente.
Un taxi se detuvo frente a ellos. Jaime subió primero la silla de ruedas y luego cargó a Bianca con sumo cuidado para sentarla en la parte trasera. El conductor, al verlos por el retrovisor tan acaramelados, no pudo evitar comentar:
—Seguro acaban de volver de vacaciones, ¿verdad? ¿Qué tal el paisaje? Debe haber sido fantástico, ¿no?
El conductor tenía un marcado acento extranjero. Bianca se rio.
—Era una isla pequeña. Mmm, la verdad no me fijé en el paisaje porque nos peleamos, y luego terminé dos días en el hospital.
Se golpeó ligeramente las piernas y se encogió de hombros ante el conductor, quien miró a Jaime con una mezcla de extrañeza y horror.
En ese momento, Jaime acababa de terminar de responder unos correos de trabajo y se había perdido por completo la conversación. Al toparse con la mirada atónita del taxista, frunció el ceño y se volvió para susurrarle a Bianca:

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival
Me han quitado ya mas 15 desbloqueo los capítulos me da error y no se abren que esta pasando...