Norberto tampoco esperaba encontrarse a Bianca ahí.
Primero se quedó pasmado, luego avanzó hacia ellas.
—¿Ya terminaron de estudiar? —Norberto le dio unas palmaditas en la cabeza a Ximena.
—Sí, sí. Oye, primo, ella es una amiga nueva, se llama Bianca. ¿Podrías darle un aventón? Vive cerca de la escuela —Ximena le jaló la ropa a Norberto.
Bianca se apresuró a negarse:
—No hace falta, en bici llego rápido, es muy cómodo.
Ya había terminado con Alexis, así que no tenía caso seguir tratando con sus amigos.
Aunque Norberto siempre había sido decente con ella, no quería tener nada que ver con él.
Norberto pareció leerle la mente y señaló con la barbilla a Ximena para que subiera al carro.
Luego se giró hacia Bianca.
Bianca se adelantó a explicar:
—No sabía que Ximena era tu prima.
Lo dijo para que no pensara que lo había planeado.
La verdad era que en siete años con Alexis, nunca había profundizado con sus amigos, y apenas se enteraba de que Norberto tenía prima.
—Ximena es mi prima —aclaró Norberto.
Con razón.
—Ya me voy —Bianca se dio la vuelta.
De pronto, Norberto la llamó.
—Súbete, yo te llevo.
—No, gracias, no te queda de paso.
—Sí me queda, hoy voy con Ximena a una cena de cumpleaños y pasamos justo por tu casa.
Bianca lo miró fijamente.
—Terminé con Alexis.
Pensó que él insistía en llevarla por consideración a Alexis.
Norberto soltó una risa leve.
—Ya lo sé.
Bianca se sorprendió. ¿Lo sabía y aun así se ofrecía?
—Han sido muchos años, aunque hayas terminado con Alexis, todavía queda algo de amistad entre nosotros —dijo Norberto.
En realidad, era más que eso.
Norberto bajó la mirada para observar a Bianca.
Siendo honestos, Bianca no era una belleza despampanante, era de esas mujeres que se ven mejor cuanto más las miras.
Sus facciones eran nobles, su temperamento tranquilo y sereno; tenía una belleza clásica que transmitía paz.
De ese tipo que atrae a los hombres maduros.
Ximena se golpeó la cabeza contra el respaldo del asiento.
—¡Oye! —se sobó la cabeza mirando feo al culpable.
Norberto la miró por el retrovisor y dijo muy serio:
—¡No digas tonterías!
—Hum, te pusiste nervioso porque es verdad —murmuró Ximena.
Norberto volvió a arrancar.
—Ya viene tu cumpleaños, ya te aparté la bolsa que querías.
—¡Yei! ¡Eres el mejor! —sonrió con astucia—. ¡Tranquilo, no le voy a decir a Bianca que te gusta!
Norberto guardó silencio un momento y dijo:
—No solo a ella, a nadie más, ¿entendido?
—¿A nadie más?
—Ajá, ni a tus papás, ni a los míos, y tampoco... a Alexis ni a Nico.
—¡Sale y vale!
Una hora después, la camioneta se detuvo frente a un hotel de cinco estrellas.
Norberto le aventó las llaves al valet parking.
Todo el hotel había sido reservado por la familia Sáez.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival
Me han quitado ya mas 15 desbloqueo los capítulos me da error y no se abren que esta pasando...