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El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival romance Capítulo 86

En su mente apareció la imagen de Bianca sonriendo radiante cuando se conocieron, y luego sus mejillas sonrojadas cuando ella le preguntó si querían ser novios.

Desde que se conocieron hasta que se enamoraron y durante todos esos años juntos, Bianca siempre fue la que tomaba la iniciativa.

Él se había acostumbrado a que Bianca organizara todo.

Pero Alexis no era un inútil.

Le compraba regalos caros, artículos de lujo que otros envidiaban.

Incluso le había entregado sus tarjetas de nómina y crédito, solo que Bianca nunca las aceptó.

Siendo el señor de la familia Zúñiga, muchas mujeres interesadas se le acercaban con cualquier pretexto, pero él nunca cruzó la línea. Hasta sus amigos decían que le tenía una «lealtad ciega» a Bianca.

¿Eso no era amor?

Bianca esbozó una sonrisa sarcástica en la comisura de los labios:

—Alexis, ¿te falta dinero? ¡No te falta dinero! Compras regalos caros, lujos que para otros valen mucho, pero para ti no son más que una gota en el océano. Darme cosas que para ti no significan nada no es dedicación, es salir del paso.

—Que te mantengas lúcido ante la tentación es admirable, claro, ¿pero acaso yo no hago lo mismo? Yo también enfrento muchas tentaciones y jamás he cruzado la línea, siempre mantengo mis límites. Eso es simplemente un principio básico de decencia humana, ¡no tiene nada que ver con si me amas o no!

Alexis se quedó mudo.

Una oleada de rabia inexplicable le subió al pecho.

Apretó los dientes y replicó:

—¿Qué importa si es amor o no?

Bianca soltó una risa seca.

Olvídalo. No estaban en la misma sintonía; hablar más era perder el tiempo.

Bianca se dio la vuelta para irse.

Alexis quiso detenerla de nuevo, pero ella caminaba rapidísimo y en unos pasos desapareció en la entrada del edificio.

Furioso, Alexis le dio una patada a la llanta de su carro.

Se fumó dos cigarros con coraje antes de arrancar e irse.

Las luces de neón de la calle iluminaban intermitentemente su perfil.

Alexis se consoló a sí mismo: «No importa. Acaba de renunciar, todavía puede hacerse la dura un tiempo. Cuando se le acaben los ahorros, vendrá a rogarme».

Faltaban tres días para la apertura de la licitación del proyecto Horizonte Capital. Aunque Bianca sentía que las esperanzas de ganar eran pocas, le pidió a Paco y al otro chico que optimizaran el producto una vez más.

Paco, el programador, se rascó la cabeza:

—Directora Bianca, ¿realmente podemos ganar ese proyecto de Horizonte Capital? Parece que desde la última prueba de concepto no ha habido noticias.

La cena fue en un restaurante italiano. Adriana casi no comió porque estaba a dieta, así que Bianca se acabó la mayor parte.

Adriana apoyó la barbilla en sus manos, muerta de envidia.

—Las dos somos mujeres, ¿por qué tú comes tanto y tienes ese cuerpazo? ¡Qué envidia me das!

Bianca sonrió:

—No me importa tanto el cuerpo, con tener salud me basta.

Adriana sintió curiosidad:

—¿Entonces qué te importa? Siento que no eres materialista, ni muy competitiva. Es como si todo te diera igual.

Cierto. La antigua Bianca se preocupaba por tres personas: su madre, Verónica y Alexis.

Pero ahora, en su corazón solo quedaban su madre y ella misma.

Que su madre estuviera sana y tranquila, y que ella tuviera un trabajo estable y en ascenso.

Si sobraba tiempo y energía, prefería invertirlos en sí misma.

Amarse a una misma era más importante.

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