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El día que mi viudez se canceló romance Capítulo 203

Alejandra era de carácter directo, tanto que al escuchar lo que Marisa acababa de decir, casi se pone a brincar de la rabia. Con voz airada, exclamó:

—¿Todavía te atreves a insinuar cosas sobre Margarita delante de mí? Mira, te lo voy a dejar bien claro: mientras Margarita esté aquí, tú siempre serás un simple reemplazo. Las que son como tú, que solo porque se parecen a la favorita de alguien, aprovechan la suerte para sacar ventaja y luego se sienten bien consigo mismas, mejor ni presuman frente a mí. Me das un asco tremendo.

Marisa la miró con tranquilidad, sin perder la compostura ni dejarse intimidar.

—No tengo intención de presumirle nada a nadie, y tampoco tienes que sentirte incómoda por mí. Si de verdad pudieras pensar por ti misma, te darías cuenta de que desde el principio jamás he querido hacerle daño a Margarita.

Alejandra cruzó los brazos y puso una cara de total desprecio.

—Conozco de sobra las artimañas de las señoritas como tú, de las que parecen inocentes pero esconden toda clase de trucos. No te voy a mentir, mi esposo también se dejó cautivar por una mujer que se parecía a su antiguo amor. Ustedes se ven inofensivas de frente y luego, a espaldas de todos, chismean con los hombres. Ahora vienes a decirme que nunca has querido perjudicar a Margarita. Si en serio no quisieras meterte con ella, ni siquiera habrías venido a Solsepia para la boda.

Marisa no pudo evitar soltar una risa, divertida por la lógica de Alejandra.

Sin embargo, al observarla mejor, notó que Alejandra no era mala persona, solo estaba siendo utilizada por alguien más con malas intenciones.

—Primero que nada, antes de venir a la boda ni siquiera sabía que existía Margarita —respondió Marisa con serenidad—. Segundo, soy la esposa legítima de Rubén, venir con él a la boda es lo más normal. Pero en cuanto a Margarita...

Hizo una breve pausa.

Alejandra agitó la mano, cortándola de inmediato.

—No hace falta que digas nada malo de Margarita. La amistad que tengo con ella no es algo que tú puedas romper.

Marisa le dedicó una pequeña sonrisa.

—Nunca fue mi intención dañar su amistad. Solo quiero que reflexiones: hoy es tu gran día, tu boda, y aun así terminaste pasando un mal momento, perdiendo la compostura. Si Margarita realmente quisiera evitarte ese mal rato, bien podría haberlo hecho. Si ella no hubiera venido, todos estaríamos disfrutando, celebrando en paz.

—¿Qué pasó? ¿Fuiste al baño y regresaste sin ánimos? ¿Estás cansada?

Ante la preocupación de Margarita, Alejandra la miró con seriedad y preguntó:

—Margarita, si ves que yo la paso mal o me regañan, ¿en verdad te duele?

Margarita se quedó sorprendida por un momento, pero enseguida le sonrió.

—Eres mi mejor amiga. Por supuesto que me duele y me parte el corazón verte así.

Alejandra apretó los dientes y miró fugazmente hacia Marisa, para luego apartar la vista.

—¿De verdad soy tu mejor amiga? Entonces, ¿por qué la última vez que te dije que Rubén también iba a venir, tú dijiste que estabas en Estados Unidos tramitando tu divorcio y que probablemente no podrías venir a mi boda? Pero, en cuanto supiste que Rubén estaría aquí, terminaste el trámite rapidísimo y lograste volver enseguida. ¿Cómo explicas eso?

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