En el reservado más lujoso del Club Nocturno Estrella, el aire estaba tan cargado de humo y neblina que hasta el aroma dulce del champán parecía flotar por todo el ambiente.
Claudio Cano, con una actitud de quien se cree dueño del lugar, extendió los brazos y abrazó a dos modelos jóvenes, una a cada lado. Sus ojos, llenos de picardía, se clavaron en Cristian Quiroz.
—¿Qué estás diciendo? ¿Ahora resulta que Rubén va a venir? No inventes, ¿cómo va a ser posible eso?
Cristian levantó los hombros, resignado, como quien tampoco entiende nada.
No tenía claro lo que pasaba. Solo sabía que Rubén le había mandado un mensaje diciendo que tenía que ir al hospital, pero no especificó si era por él o por Marisa.
Después, Rubén le avisó que estaba en el Club Nocturno Estrella y que pasaría por allí.
Claudio se preparaba para burlarse de Cristian, pensando que de tanto trabajar como médico y hacer tantas cirugías, el pobre ya se había quedado sin cerebro.
Pero, antes de que pudiera abrir la boca, se escuchó movimiento en la entrada.
El dueño del club llegó en persona, acompañando a Rubén.
Rubén entró con una mirada dura, recorriendo el lugar de arriba abajo, y al final fue a sentarse junto a Gonzalo León.
Eso dejó a Gonzalo completamente desconcertado.
Antes, era Rubén quien evitaba a Gonzalo a toda costa, pero ahora parecía que le tocaba a Gonzalo huirle.
Apenas y había logrado apaciguar el escándalo de la vez pasada cuando Rubén amenazó con retirar su inversión. A estas alturas, Gonzalo no se atrevía ni a cruzar la mirada con él.
Rubén, al notar la incomodidad de Gonzalo, habló con calma:
—Relájate, allá hay demasiadas chicas. Por eso vine para acá.
Gonzalo echó un vistazo y comprobó que era cierto. Claudio y Cristian estaban rodeados de mujeres, mientras que su lado se veía más vacío.
Gonzalo hizo una mueca y prefirió quedarse callado.
Con todos los años que llevaba de abogado, sentía que lo mejor en ese momento era no meterse con Rubén.
Siempre había tenido un carácter duro, pero esa noche era diferente.
Rubén tenía el ceño fruncido y una molestia evidente en la mirada.
Cristian, captando el ambiente tenso, se levantó de entre las mujeres y fue a sentarse junto a Rubén.
El aroma intenso del vino se mezclaba con la bruma del lugar mientras un mesero llenaba las copas.
Cristian le pasó una copa a Rubén y preguntó:
Rubén habló un par de palabras en voz baja con Cristian y luego se levantó, caminando hacia donde estaba Claudio.
Si uno se sentía mal físicamente, buscaba a un doctor. Pero si de problemas amorosos se trataba, en ese grupo de amigos, solo Claudio era el indicado.
Claudio tenía más experiencia en relaciones que nadie, con una lista de conquistas que seguramente superaba las treinta.
En cuanto Rubén llegó y lanzó una mirada de advertencia, las chicas que rodeaban a Claudio se levantaron al instante y se alejaron, como si fueran gansos migrando al sur.
Se agruparon todas al otro lado del salón, lejos de Rubén.
Claudio, resignado, se quejó:
—Rubén, de verdad eres un aguafiestas. Apenas llegas y ya no queda nadie a mi lado.
Rubén no estaba para bromas. Se sentó justo donde Gonzalo había estado calentando la silla, y le lanzó una mirada.
Gonzalo, sin pensarlo, se levantó y se fue rápido con Cristian.
—Carajo, —pensó Gonzalo—, uno viene a tomar y termina huyendo de un lado a otro como si estuviera en medio de un incendio.
Claudio notó el ambiente serio y dejó de bromear. Sabía que si Rubén echaba a todos, era porque venía con un asunto importante.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El día que mi viudez se canceló
Mas capítulos 🥲🙏...
Mas capítulos plis 🫠...
👋🫰...
Más capítulos 🤗...
Más capítulos plis 🙏...
Está buena la trama 🫰...
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Me encanta esta aplicación 😊 muchas gracias por subir la novela 😊...