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El día que mi viudez se canceló romance Capítulo 233

Noelia bajó la mirada y soltó una pequeña risa.

—Si algún día alguien quisiera hacerme daño… a mí o al bebé que llevo en el vientre, ¿tú qué harías?

Samuel no dudó ni un segundo.

—No importa quién sea, si se atreven a lastimarte a ti o a nuestro bebé, no los voy a perdonar jamás.

Solo entonces, al escuchar esas palabras, Noelia pudo mostrar una expresión de alivio.

Se aferró a la cintura de Samuel, sin querer soltarlo, y se despidió con nostalgia.

—Amor, te voy a extrañar… prométeme que también me vas a extrañar.

Samuel le plantó un beso suave en la frente.

—Por supuesto que te voy a extrañar. Quédate tranquila aquí, ¿sí?

Noelia esperó de pie, viendo cómo el carro de Samuel se alejaba del centro de reposo maternal. La sonrisa que había mantenido en los labios desapareció en cuestión de segundos.

Su rostro cambió por completo: ahora solo se podía ver un rastro de odio y una determinación feroz.

Sin perder más tiempo, tomó el celular de la mesa y marcó rápidamente el número de Héctor Juárez.

Llamó varias veces hasta que por fin Héctor contestó.

Noelia nunca había tratado así a su hermano. Apenas escuchó su voz, explotó de coraje.

—¡Todo te lo doy! ¡Comes gracias a mí, te pago las bebidas y hasta el dinero para que vayas a apostar te lo doy yo! ¡Hasta un perro sería más rápido para contestar el teléfono!

Héctor se quedó pasmado. No entendía por qué su hermana de repente le estaba gritoneando de esa forma, y el coraje se le atoró en la garganta.

—Noeli, es que desde que me golpearon la otra vez no me puedo mover bien. Me tardo un poco más en contestar, ¿pero qué pasa? ¿Por qué tanto apuro?

Noelia apretó los dientes con furia.

—¡Héctor, esto es grave, gravísimo!

El pequeño bosque estaba desierto, pero los mosquitos andaban por todos lados. Héctor ya tenía los brazos llenos de picaduras y el fastidio se le notaba en la cara.

Noelia entrecerró los ojos, midiendo bien sus palabras.

—Samuel ya decidió: en cuanto nazca el bebé, va a dejarme y va a ir a buscar a Marisa. Cuando eso pase, me van a echar de la familia Loredo, igualito que hicieron con Marisa.

A Héctor le subió la presión de golpe. Se sintió tan mareado que tuvo que apoyarse en un árbol para no caerse.

—¡Si te echan de la familia Loredo, la familia Juárez se queda sin nada!

Todos estos años, los lujos de la familia Juárez, todo el dinero que él se gastaba en el casino, había salido de los Loredo. Si perdían ese apoyo, la familia Juárez se vendría abajo en un abrir y cerrar de ojos.

—¡Eso no puede pasar, no podemos permitirlo! —dijo Héctor, mientras el sudor le empapaba la frente.

Noelia lo tomó de los hombros, firme y decidida.

—Por eso mismo, entre la familia Juárez y Marisa, solo puede quedar uno. Ya no tengo chance de hacer que Samuel se vuelva a enamorar de mí; su historia con Marisa es demasiado fuerte. Pero si Marisa muere… Samuel no va a tener más remedio que elegirme a mí.

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