Héctor temblaba mientras decía:
—¡S-sí! ¡Mientras esa maldita de Marisa desaparezca, la familia Loredo ya no tendrá salida!
Los ojos de Noelia brillaban con una crueldad cada vez más intensa.
Se inclinó y susurró algo al oído de Héctor, tramando en secreto.
...
Rubén despertó sintiéndose abrumado, con la cabeza como si le hubieran dado una sacudida. Hacía mucho que no se sentía tan desorientado después de dormir.
Frunció las cejas, incómodo, y extendió la mano hacia el lado de la cama por costumbre, pero solo encontró el vacío.
Alzó la vista y la vio en el balcón, de espaldas, hablando por teléfono. La silueta de Marisa, recortada contra la luz, tenía una tranquilidad que le resultó familiar y reconfortante.
Sin pensarlo mucho, Rubén se levantó, pisó la alfombra suave y fue acercándose poco a poco hacia ella.
El ventanal que daba al balcón estaba cerrado. Rubén tocó suavemente el vidrio. Marisa volteó con una leve confusión en los ojos y, moviendo los labios, le preguntó:
—¿Ya despertaste?
Rubén asintió y esperó en silencio a que terminara su llamada.
Marisa, apurada, dijo unas cuantas palabras más al teléfono con Alberto Noriega, acordando un lugar para verse y luego colgó.
En cuanto terminó, Rubén abrió la puerta corrediza del balcón y, sin mediar palabra, la jaló hacia él, abrazándola con fuerza.
Ella, aún con el celular en la mano, se dejó arrastrar hasta su pecho ancho y cálido, quedando con la mejilla apoyada contra él.
Rubén bajó la cabeza y, pegando los labios a su oído, le preguntó en voz baja:
—¿Quién te llamó?
—Fue Alberto —contestó ella con naturalidad—. Se enteró de que regresé a Clarosol y me invitó a comer. Dice que quiere presentarme un trabajo.
Rubén asintió. Ese Alberto, pensó, no se andaba con rodeos.
—Nada, olvídalo —dijo, dándose la vuelta para irse al vestidor.
Marisa se quedó observando su espalda, frunciendo las cejas con fuerza. Repasó mentalmente todo lo que había pasado, segura de no haber olvidado nada importante. Entonces, ¿por qué Rubén tenía esa actitud?
...
En el desayuno, los dos estaban sumidos en sus propios pensamientos.
Rubén seguía molesto por algo que ni él mismo terminaba de entender, mientras Marisa sentía los nervios a flor de piel.
La comida con Alberto no era cualquier cosa. Por un lado, él quería conocer a la esposa de su gran benefactor y, por otro, sentía curiosidad por esa compañera de universidad, tan talentosa como discreta. Además, Rubén lo había apoyado durante años, y Alberto creía que era momento de devolver el favor.
Antes, Alberto siempre había querido mostrar su gratitud, pero Rubén nunca parecía necesitar nada. Ahora que por fin tenía una oportunidad, no pensaba dejarla pasar.
Marisa, por su parte, no podía evitar sentirse inquieta. En la Academia de Arte de Clarosol, Alberto siempre había sido el compañero al que más admiraba. Después, él se volvió famoso; sus cuadros alcanzaron precios altísimos y se convirtió en el egresado más sobresaliente de los últimos veinte años.
A veces, Marisa sentía que no tenía derecho ni a decir que era graduada de la misma academia, porque los exalumnos como Alberto habían dejado el listón demasiado alto.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El día que mi viudez se canceló
Mas capítulos 🥲🙏...
Mas capítulos plis 🫠...
👋🫰...
Más capítulos 🤗...
Más capítulos plis 🙏...
Está buena la trama 🫰...
Mas capítulos plis 🙏...
Me encanta esta aplicación 😊 muchas gracias por subir la novela 😊...