—¿La mitad?
Marisa soltó esas dos palabras con una ligereza que parecía no pesarle en absoluto.
Al principio, la expresión de Sabrina era la de siempre, tan tranquila que incluso repitió lo que Marisa acababa de decir.
—Ah, la mitad, ¿eh?...
Pero pasaron unos segundos y cayó en cuenta de lo que eso significaba. Abrió los ojos como platos, y por poco se pasó un semáforo en rojo.
—¿La mitad? ¿Te refieres a la mitad de los bienes de Rubén? ¿Estás segura?
Marisa asintió, sin darle mayor importancia.
—Sí.
Mientras el semáforo seguía en rojo, frunció el ceño y le advirtió:
—Maneja con cuidado, no vayas a rayar tu carro nuevo.
A Sabrina se le dibujó una sonrisa tan grande que parecía a punto de romperle la cara.
—¿Y si lo rayo qué? Este carro es una porquería, ni que me importara. Si tú te vas a quedar con la mitad de la fortuna de Rubén, yo, como tu prima, ¡voy a poder pedir el carro que quiera! ¡Jajaja!
Ver a Sabrina tan emocionada hizo que a Marisa le diera un poco de pena confesarle que en realidad había rechazado esa mitad de dinero.
Sabrina, notando su cara de duda, se puso seria de repente.
—No puede ser, ¿verdad? La mitad de la fortuna de Rubén... eso es algo que ni un millonario podría soñar. ¿Cómo te lo iba a dar así como así? Tengo entendido que el equipo legal de él es de los mejores; mientras el dinero no esté en tu cuenta, no puedes aflojar ni un segundo.
Marisa suspiró y, viendo lo preocupada que estaba Sabrina, se sinceró.
—No tengo de qué preocuparme. Esa mitad de la fortuna, no la quiero.
Sabrina apretó el volante, incrédula.
—¿No la quieres? ¿Cómo que no? ¿Ya se lo dijiste?
Marisa asintió.
—Sí. Él le pidió a su asistente que hiciera el convenio de divorcio, quería darme la mitad de su dinero. Pero para mí, eso es como si me cayera un costal gigante encima; en vez de alegrarme, sentí que me iba a aplastar.
Marisa no entendía el chiste. Era solo una Long Island, no era la primera vez que probaba una. ¿Por qué tanto alboroto y reseñas en línea?
¿O tendría algo especial aquí?
La duda se despejó cuando, al terminar de pedir, apareció un tipo musculoso, con el abdomen marcado, llevando la Long Island y sentándose justo al lado de Marisa. Ahí comprendió por qué la bebida tenía tanta fama en ese lugar.
Sabrina le guiñó el ojo, divertida.
—¿Y entonces? ¿Qué te parece esa Long Island?
El musculoso se acomodó junto a Marisa, tan cerca que ella se sintió fuera de lugar, incómoda de pies a cabeza.
Pero ya que el tipo se había sentado y ella había pedido la bebida, tampoco era de buena educación pedirle que se fuera.
Levantó la copa, le dio un sorbo y miró a Sabrina con ojos que decían: “¿Y esto qué es?”
Sabrina evitó su mirada, bajó la vista al menú y murmuró:
—La Sangre Latina también se ve buena. Yo quiero esa.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El día que mi viudez se canceló
Mas capítulos 🥲🙏...
Mas capítulos plis 🫠...
👋🫰...
Más capítulos 🤗...
Más capítulos plis 🙏...
Está buena la trama 🫰...
Mas capítulos plis 🙏...
Me encanta esta aplicación 😊 muchas gracias por subir la novela 😊...