Marisa sí tenía la intención de buscar a Sabrina.
La decisión de Rubén de divorciarse había sido tan repentina que aún no sabía cómo iba a contárselo a la pareja Páez.
Quería quedarse un par de días con Sabrina para tranquilizarse y pensar con calma qué iba a decir.
Marisa no permitió que el carro de la familia Olmo la llevara; prefirió irse sola, arrastrando su maleta hasta el hotel donde se hospedaba Sabrina.
Sabrina seguía trabajando, así que Marisa se quedó sola en el hotel, viendo el techo y sintiéndose perdida.
No tenía ni idea de qué hacer, como si la vida de pronto se hubiera convertido en un laberinto sin salida.
Se acurrucó en el sofá, viendo un programa de concursos que no le interesaba en lo más mínimo, cuando su celular volvió a sonar. Pensó que era Rubén y, con el corazón latiéndole de prisa, tomó el teléfono.
[Sabrina: Hoy no tengo tanto trabajo, así que voy a salir temprano. Te llevo a un bar a tomarnos algo.]
A Marisa no le emocionaba mucho la idea de tomar alcohol, pero el silencio a su alrededor le resultaba demasiado incómodo. Pensó que, tal vez, el ruido de un bar la ayudaría a sentirse menos inquieta.
Después de pensarlo un momento, aceptó la invitación de Sabrina.
Apenas dejó el celular sobre la mesa, volvió a vibrar. Otra vez creyó que era Rubén.
Pero de nuevo era Sabrina.
Esta vez, Sabrina le había compartido una noticia judicial.
La protagonista de la nota le resultaba más que conocida: era Noelia.
El encabezado decía: [La caída de una exmillonaria: ¿cómo terminó Noelia tras las rejas?]
Un título que buscaba llamar la atención de cualquiera.
Marisa abrió la noticia. El artículo relataba que Noelia había intentado cometer un asesinato y que la policía ya tenía todas las pruebas necesarias. Solo faltaba esperar el juicio, y todo estaba prácticamente decidido.
Marisa entrecerró los ojos, convencida de que las cosas no eran tan sencillas como las pintaban.
Para la familia Loredo, aquello representaba un escándalo absoluto.
La familia Loredo jamás permitiría que una noticia así se hiciera pública, así que quien había filtrado esa información seguramente tenía más poder que ellos.
¿Pero quién podría ser?
Además de Rubén, Marisa no podía pensar en nadie más.
El atardecer en Clarosol llenaba el cielo de tonos rojizos y anaranjados, una postal tan linda que era imposible no quedarse viendo.
Marisa se apoyó en la ventana, recargó la cabeza en la mano y se quedó mirando cómo el paisaje se deslizaba.
De fondo, la voz de Sabrina la sacó de sus pensamientos:
—No pasa nada, ¿no? Es un divorcio, no es como si fuera el fin del mundo. Además, no es la primera vez que pasa.
Marisa soltó una risita, sin mirarla, y contestó directo:
—Si vas a consolarme así, mejor ni lo intentes.
Sabrina se encogió de hombros.
—¿Qué te digo? Ya sabes que nunca he sido buena para el consuelo.
De pronto, Sabrina pareció recordar algo importante y, con los ojos iluminados por la emoción, preguntó:
—Oye, ¿y el divorcio no implica que te toca algo de dinero? Digo, Rubén tiene un montón de plata. ¿Cuánto te va a tocar ahora?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El día que mi viudez se canceló
Mas capítulos 🥲🙏...
Mas capítulos plis 🫠...
👋🫰...
Más capítulos 🤗...
Más capítulos plis 🙏...
Está buena la trama 🫰...
Mas capítulos plis 🙏...
Me encanta esta aplicación 😊 muchas gracias por subir la novela 😊...