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El día que mi viudez se canceló romance Capítulo 286

—¿Que ya no nos vamos a divorciar?

Marisa abrió los ojos de par en par, manteniendo la mirada fija en Rubén.

¿Qué le pasaba ahora?

Primero que se casan, luego que se divorcian, llegan hasta la oficina de registro civil y ahora resulta que siempre no.

Marisa empezó a sospechar que Rubén estaba jugando con ella, pero no encontraba ninguna prueba.

No le quedó de otra que, en voz baja, despotricar para sí misma:

—Nos trata como si fuéramos marionetas.

Rubén, por supuesto, alcanzó a escuchar perfectamente la queja de Marisa.

Pero como andaba de buen humor, ni se inmutó.

Es más, aunque Marisa le hubiera dicho un par de cosas más, tampoco le habría importado; hasta se habría reído con ganas.

Ya después de refunfuñar un poco, Marisa sintió cómo Rubén la rodeó por la cintura y la fue guiando hacia donde estaba el carro.

Casi podía decirse que Rubén la iba jalando, porque Marisa avanzaba a paso ligero, flotando entre la confusión y la sorpresa.

En medio del trayecto, Marisa no pudo evitar detenerse y gritar:

—¡Espera! ¿Por qué de repente ya no quieres divorciarte?

No podía entender nada.

Rubén se limitó a devolverle la pregunta:

—¿Y tú quieres divorciarte?

Marisa se quedó sin palabras. En el fondo, no quería.

Rubén era algo voluble, sí, pero también tenía un lado caballeroso, incluso era demasiado bueno con ella.

Ni siquiera Samuel, cuando estaban muy enamorados, había llegado tan lejos.

Y si en verdad se divorciaba de Rubén, ¿cómo le iba a explicar todo eso a la familia Páez? Ellos seguro se preocuparían por ella.

Más todavía, la familia Olmo le había hecho un favor enorme a Víctor; si ahora se divorciaban como si nada, Marisa tampoco sabría cómo explicárselo a la pareja Olmo.

—Si tú no quieres divorciarte, yo tampoco.

Con esas palabras, Rubén la abrazó con confianza y subieron juntos al carro.

Rubén le sonrió de nuevo, esta vez con ternura.

—Aunque tú digas que no necesitas nada, yo sí siento que debo consentirte. Quiero que en la familia Olmo te sientas cómoda, sin importar lo que pase.

El carro iba camino al hotel.

Iban a recoger las cosas que Marisa había dejado empacadas.

Ya dentro de la suite, Marisa se quedó a un lado, observando cómo Rubén se afanaba en recoger todo. Al final, con una mano sujetaba la maleta y con la otra dos cuadros al óleo. Se quedó mirándola fijamente.

—Marisa, pase lo que pase de ahora en adelante, no tienes que recoger tus cosas para irte de la familia Olmo. Si tú quieres, ese lugar siempre va a ser tu casa.

Marisa no supo qué contestar.

¿Acaso pensaba que ella, con lo rápido que había pedido el divorcio y lo de ir al registro civil, ya tenía que tener lista su maleta?

En ese momento, justo cuando Rubén esperaba la respuesta de Marisa, se escuchó ruido a un costado de la suite.

Era Sabrina, que acababa de regresar del trabajo. Al ver la puerta abierta, pensó que solo estaba Marisa, así que entró emocionada, gritando:

—¡Marisa! ¡La persona que andaba mandando tus videos ya fue demandada! Y parece que el asunto es bastante grave. Lo mejor de todo es que en internet dicen que el equipo legal del Grupo Olmo intervino.

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