El ambiente se volvió incómodo, casi podía sentirse el peso en el aire. Marisa apretó los labios, una sombra de duda cruzó por su semblante.
Tomó la servilleta y se limpió la boca con calma.
—Ya terminé de comer.
Dejó la servilleta a un lado, se levantó con rapidez y se dirigió directamente hacia la escalera de caracol, sin mirar atrás.
Sofía observó cómo Marisa se iba casi huyendo, sin entender del todo lo que había pasado. Con la voz baja, preguntó:
—Señor, ¿por qué cuando se toca ese tema, la señora se pone tan incómoda? ¿Por qué lo evita de esa manera?
Rubén bajó la mirada, un destello de tristeza se asomó en sus ojos. Le respondió en voz baja a Sofía:
—No vuelvas a mencionar esas cosas delante de la señora.
Él sabía que el pasado seguía pesando sobre Marisa, que los chismes y rumores aún la atormentaban.
De hecho, a Rubén se le quitó por completo el apetito. Dejó los cubiertos sobre la mesa, se limpió las manos y subió tras ella al segundo piso.
...
Marisa estaba en el balcón de la recámara, revisando información en su tableta. Parecía muy concentrada.
Rubén abrió la puerta del balcón y preguntó:
—¿Por qué no usas la computadora del estudio?
Le preocupaba que trabajar en el balcón no fuera cómodo para ella.
Marisa guardó la tableta. En realidad, estaba buscando obras de jóvenes artistas; ya que la galería estaba a su nombre, tenía que pensar en su futuro y buscar talento nuevo para exponer.
Pero para ella, la computadora del estudio era algo muy personal de Rubén. No le gustaba la idea de invadir su espacio.
—Lo que haces en tu trabajo es demasiado importante. No quiero que haya malos entendidos, prefiero evitar comentarios —respondió Marisa, buscando ser prudente.
No quería verse envuelta en los asuntos confidenciales del Grupo Olmo. Así podía estar en paz, y si algún día surgía un problema, Rubén tampoco tendría motivos para culparla.
Rubén escuchó la explicación, y sus ojos se entrecerraron, percibiendo una distancia que lo lastimó.
Parecía algo molesto.
—Sigue con lo tuyo, yo regreso al estudio a terminar mis pendientes.
Marisa le sonrió, pero hasta en su mirada se notaba cierta lejanía.
La atmósfera entre ellos retrocedió, como si acabaran de conocerse: ella cautelosa, él tratando de ser lo más cordial posible.
Cuando Rubén salió de la recámara, Marisa se relajó, como si al fin hubiera terminado una dura jornada.
Se dejó caer en el sillón del balcón, dejando la tableta a un lado. Subió las piernas, apoyó los pies en el asiento y abrazó sus rodillas, hundiendo la cabeza entre ellas.
Las palabras de Sofía y la imagen del carro en el garaje le daban vueltas en la cabeza, haciendo que todo su pensamiento fuera un completo desorden, como si decenas de duendecillos bailaran en su mente.
Después de un largo rato, por fin se levantó y caminó hacia el estudio.
Tocó la puerta de madera suavemente. El sonido resonó claro en todo el piso, anunciando su presencia.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El día que mi viudez se canceló
Mas capítulos 🥲🙏...
Mas capítulos plis 🫠...
👋🫰...
Más capítulos 🤗...
Más capítulos plis 🙏...
Está buena la trama 🫰...
Mas capítulos plis 🙏...
Me encanta esta aplicación 😊 muchas gracias por subir la novela 😊...