El auto que llevaba a Marisa avanzaba a toda velocidad por la carretera costera.
El camino era curvo y serpenteante.
Marisa miró por la ventanilla los paisajes que pasaban como ráfagas. El mar azul y el cielo despejado parecían sacados de una pintura.
Imaginó que Rubén, al marcharse temprano esa mañana, probablemente había contemplado la misma vista deslumbrante.
Media hora después.
El auto se detuvo frente a la terminal del aeropuerto.
El chofer le ayudó a bajar la maleta. Marisa miró la pantalla de su teléfono para confirmar la hora de su vuelo.
Faltaban unas tres horas para el despegue. Tenía tiempo de sobra, lo que significaba que le tocaría hacer guardia en el aeropuerto por un buen rato.
Al apagar la pantalla y levantar la vista, se topó con una figura sumamente desagradable.
Macarena arrastraba su maleta de diseñador y la miraba con absoluto desprecio.
Como allí no había conocidos frente a quienes fingir, el asco en los ojos de Macarena era crudo y directo.
Soltó una risa burlesca.
—Vaya, ¿así que tú también viniste corriendo detrás de Rubén? Está claro que tú y tu prima son familia de cartón. En cuanto Rubén se fue, ni siquiera te quedaste a su fiesta de compromiso.
Marisa la miró de reojo, sin inmutarse.
—¿A ti qué te importa mi relación con mi prima? Y los motivos por los que estoy aquí no te incumben en lo más mínimo. Si tienes algo de sentido común, hazte a un lado y deja de estorbar.
Macarena no estaba acostumbrada a ser tratada así en Clarosol.
En este rincón del mundo, ya la habían humillado varias veces. La primera vez, frente a la multitud, se aguantó. Pero ahora que estaban solas, no pensaba quedarse callada.
Dejó su maleta cara a un lado, se cruzó de brazos y adoptó una postura altanera.
Estuvo pensando unos segundos en cómo devolverle el golpe, pero justo cuando abrió la boca para hablar, Marisa le dio un empujón con el hombro y pasó de largo, soltando una frase al aire.
—Hasta pelear contigo da pereza. Hay que esperar a que tu cerebro procese las cosas. Qué pérdida de tiempo.
Macarena se puso roja de la furia, resoplando como un toro.
—¿Y qué si no puedo ganarte a golpes? Tengo dinero. Si lanzo un fajo de billetes, sobrará gente dispuesta a darte una paliza por mí.
Marisa concluyó que esa mujer estaba completamente desconectada de la realidad. Temía que, si seguía hablando con ella, su propio coeficiente intelectual bajara.
—Me da flojera lidiar contigo.
Dicho esto, continuó su camino hacia los mostradores de facturación.
Macarena la siguió de cerca, y cuando notó que el destino del vuelo de Marisa era Zúrich, su ira se encendió aún más.
—Vaya, sí que no tienes dignidad. Sabes perfectamente que Rubén fue a Zúrich a buscar a Mónica, ¿y tú también quieres meterte en medio y volar para allá? ¡Qué manera de buscar humillarte sola!
Marisa la ignoró por completo y usó su aplicación de traducción para comunicarse con el personal de la aerolínea.
Pensó que Macarena, tras quejarse sola un rato, se cansaría y se iría.
Pero para su sorpresa, incluso después de facturar su equipaje, Macarena seguía allí disparando veneno.
—Marisa, de verdad que no tienes ni un gramo de vergüenza. Rubén ya se divorció de ti y todavía tienes el descaro de seguirlo hasta la isla. Y ahora que fue a buscar a Mónica, ¡tienes la desfachatez de perseguirlo hasta Zúrich! Una mujer arrastrada como tú no es más que una inútil, ¿qué diferencia hay entre tú y la basura?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El día que mi viudez se canceló
Mas capítulos 🥲🙏...
Mas capítulos plis 🫠...
👋🫰...
Más capítulos 🤗...
Más capítulos plis 🙏...
Está buena la trama 🫰...
Mas capítulos plis 🙏...
Me encanta esta aplicación 😊 muchas gracias por subir la novela 😊...