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El día que mi viudez se canceló romance Capítulo 887

Marisa entornó los ojos; la voz de Macarena era como un chillido taladrándole los oídos.

Decidió llevar su indiferencia al extremo. Entró a una de las cafeterías del aeropuerto, tomó una revista de moda, pidió un café con leche y trató a su acosadora como si fuera invisible.

Pero Macarena no estaba dispuesta a rendirse. Compró un café, agarró un libro al azar y se sentó justo enfrente de ella.

Marisa levantó la mirada un segundo y vio la portada del libro de Macarena.

—¿Desde cuándo lees tailandés?

Macarena, sintiéndose expuesta, arrojó el libro a un lado con brusquedad.

—¡A ti qué te importa!

Marisa esbozó una sonrisa sutil. Parecía ver a través de ella con total claridad.

—Aquel acuerdo de inversión por Jasmine... ¿fuiste tú quien le ordenó a César que me mintiera diciendo que Rubén había prohibido que alguien me diera dinero?

Macarena se quedó helada. El nerviosismo cruzó sus ojos de inmediato.

—Yo no hice eso.

La sonrisa de Marisa se amplió.

—Macarena, de verdad eres pésima para mentir.

Macarena apretó los dientes.

—¡Si digo que no, es que no! Además, Rubén nunca dejaría que nadie te apoyara. Lo único que él quiere es divorciarse de ti, ¡le importa un demonio lo que te pase!

Marisa cerró la revista de golpe y la fulminó con una mirada afilada.

—¿Ah, sí? Si le importo un demonio, ¿por qué me ayudó a quitarte Jasmine de las manos? Escuché por ahí que tú no querías soltar la galería por nada del mundo, pero después de que tu propia familia te dio una buena reprimenda, no te quedó más remedio que obedecer.

El comentario dio justo en la herida. Macarena, fuera de sí, agarró su vaso de café helado con la clara intención de lanzárselo encima.

Marisa tensó el cuerpo, viendo cómo el café oscuro volaba en su dirección.

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