La enfermera sonrió, con los ojos brillando de complicidad al tomar la bolsa, y bromeó:
—¡Vaya! ¡Esto pesa en lujo, no debe ser nada barato!
Adentro, Rubén contuvo el aliento, esperando a que el murmullo de las voces femeninas se disipara en el pasillo. Solo cuando el eco de los pasos de Marisa se desvaneció, escuchó girar el pomo de la puerta.
Sus ojos se clavaron de inmediato en lo que la enfermera traía en las manos.
La elegante caja era de un sobrio color negro.
Le fascinó.
No porque tuviera predilección por ese color, sino porque lo había elegido Marisa; eso era suficiente para que le pareciera perfecto.
La enfermera leyó con claridad la anticipación febril en la mirada del paciente y ladeó la cabeza, confundida.
—Doctor Olmo, si tanta ilusión le hace, ¿por qué no dejó que la señorita Páez se lo entregara personalmente?
Mientras hablaba, se acercó a la cama y le ofreció la caja.
Fue entonces que Rubén reaccionó. ¿Acaso había sido demasiado evidente?
De inmediato, la tenue sonrisa que asomaba en la comisura de sus labios desapareció, reemplazada por su característica frialdad.
Tomó el regalo con fingida parsimonia y lo dejó descuidadamente sobre la mesa de noche.
—Estoy demasiado cansado. No quiero lidiar con ella ahora —explicó, justificando su negativa a verla.
La enfermera asintió, aunque sin creerle del todo.
—Oh, ya veo. ¿Y no piensa abrir su regalo?
Rubén negó con la cabeza, manteniendo su fachada impenetrable.
—A lo largo de mi vida he recibido todo tipo de cosas, así que un paquete más no me quita el sueño. Lo abriré cuando tenga energía.
El rostro de la enfermera se ensombreció. Forzó una sonrisa educada.
—Muy bien, descanse, doctor. Si necesita algo, ya sabe dónde está el timbre.
Apenas la puerta se cerró, Marisa deslizó el dedo para contestar la llamada.
La voz de Fabiana resonó directa y tajante desde el auricular.
—Exhibición de mediados de año. ¿Vuelves o no vuelves?
Al escuchar ese tono ofendido e impaciente, Marisa se rió.
—¿Qué pasa? ¿Estás enojada porque todavía no he pisado Clarosol? Esa exhibición es nuestro evento principal del año, ¿cómo crees que me la perdería?
Fabiana bufó con sarcasmo.
—Como te la estás pasando tan bien jugando a ser la enfermera personal del señor Olmo por allá en Europa, pensé que no te veríamos el pelo en mucho tiempo.
—Jamás te dejaría sola en medio del campo de batalla. Claro que vuelvo. Esta exhibición tiene que ser el golpe maestro de Jasmine.
Fabiana soltó un largo suspiro de exasperación.
—Menos mal que todavía te acuerdas de que tenemos que dar la cara. ¡No tienes idea del caos en el que Macarena convirtió la galería! Si no damos un golpe de autoridad ahora mismo, el nombre de Jasmine desaparecerá del mapa de Clarosol.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El día que mi viudez se canceló
Mas capítulos 🥲🙏...
Mas capítulos plis 🫠...
👋🫰...
Más capítulos 🤗...
Más capítulos plis 🙏...
Está buena la trama 🫰...
Mas capítulos plis 🙏...
Me encanta esta aplicación 😊 muchas gracias por subir la novela 😊...