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EL HOMBRE POR EL QUE LO DEJÉ TODO NUNCA ME AMÓ romance Capítulo 589

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Vanesa se mantenía serena, pero no pudo evitar sorprenderse al probar el primer bocado.

La comida de Fabio era realmente espectacular.

"Santiago tiene el estómago delicado, y como casi siempre está conmigo, se ha vuelto muy quisquilloso con la comida. Al final, terminé cocinando yo. Con el tiempo y la práctica, le agarré el truco", le explicó él, casi como si le hubiera leído la mente.

Era como si supiera exactamente lo que ella estaba pensando.

Ella lo miró extrañada: "¿Y el personal de servicio?"

"Si estoy en casa, se niega a comer si no lo preparo yo", sonrió Fabio.

Vanesa asintió lentamente.

Todo un misterio, pensó.

El mismo hombre que antes se rehusaba a pisar una cocina.

Aun en su época de estudiante en el extranjero, siempre tuvo quien le cocinara o simplemente comía en los mejores restaurantes.

Casi nunca preparaba sus propios alimentos.

Pero no le dio más vueltas al asunto.

Santiago, sacando pecho, declaró: "Es que mi papi es el mejor."

Vanesa no pudo evitar reír con ternura.

El pequeño, con sus ojitos brillantes, agregó: "Y tú también me caes súper bien, Vane."

"Tú también me caes súper bien, mi niño", le siguió ella la corriente.

El rostro de Santiago se iluminó de pura felicidad.

Fabio lo observaba todo, en completo silencio.

Y no hizo ningún intento por interrumpir su interacción.

Santiago empezó a preguntar por Paz, y Vanesa, complacida, le contó con lujo de detalle un montón de historias divertidas sobre ella.

La plática fluyó durante toda la cena.

Hasta que el cansancio venció al niño y empezó a bostezar.

Fue entonces cuando Vanesa sugirió que ya era hora de ir a la cama.

Santiago no se quejó, pero tampoco quiso soltar la mano de ella.

"¿Quieres que te acompañe a tu recámara?", le propuso Vanesa, adivinando sus intenciones.

"¡Sí!", asintió él, sintiéndose inmensamente afortunado.

Ella lo acompañó, lo arropó y se quedó a su lado por unos minutos.

El pobre angelito no tardó en quedarse profundamente dormido. Vanesa lo cubrió bien y salió de puntillas.

Al cerrar la puerta, se topó con Fabio esperando en el pasillo.

Ella caminó decidida hacia el dormitorio principal.

Pero en ese preciso instante, una mano se cerró con firmeza alrededor de su muñeca.

Vanesa se giró y lo fulminó con la mirada, dejando entrever su rechazo.

Aunque solo duró una fracción de segundo.

Fue suficiente para que Fabio lo notara.

"¿Desea algo más, Señor Serrano?", inquirió con voz gélida. "Me parece que esto es inapropiado."

Él no le respondió. Se quedó mirándola fijamente.

Vanesa se zafó del agarre con un movimiento limpio y firme.

Él no opuso resistencia y la dejó ir.

Pero justo cuando ella estaba a punto de reanudar su marcha, la mano de Fabio se deslizó suavemente por la comisura de sus labios.

Vanesa frunció el ceño con irritación. "¿Se puede saber qué hace, Fabio?"

Esta vez, había dejado atrás la formalidad del "Señor Serrano".

Lejos de molestarse, él siguió observándola, inalterable.

"Tenías algo en la boca", susurró con voz ronca.

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