No añadió ni una sola palabra más, ni siquiera una imagen.
Pero cualquiera con dos dedos de frente sabía a qué se refería.
Con Julián marcando su territorio de manera tan pública, los medios de Monterrey tuvieron que bajar la cabeza y no se atrevieron a seguir echando leña al fuego de forma tan descarada.
Y, sin embargo, Julián no le mencionó el asunto a Vanesa.
Pero el aura asesina que emanaba era inconfundible. Cuando Javier Solís entró a su oficina, lo hizo rogándole a todos los santos.
—¿Qué tan rápido podemos liquidar los asuntos aquí en Tokio? —preguntó Julián, yendo directo al grano.
Javier hizo cálculos mentales a la velocidad de la luz.
—Como mínimo, necesitamos de tres a cuatro días más.
—Redúcelo a tres. Y resérvame un vuelo para Jalapa el cuarto día. Que nadie se entere —ordenó, tajante.
—Enseguida, señor —respondió Javier, sin atreverse a dudar un segundo.
Salió disparado de la oficina. Los boletos de Tokio a Jalapa ya estaban listos.
El silencio, denso y amenazador, volvió a adueñarse del despacho.
...
A la mañana siguiente, el tono de llamada del celular despertó a Vanesa. Era su asistente.
—Directora Arias, la firma es a las diez y media y ya son las nueve en punto —le informó con cortesía.
—Mmh —murmuró Vanesa.
Le palpitaban las sienes. Últimamente se había estado acostando de madrugada y las pastillas para dormir la dejaban con una sensación de pesadez horrible.
Pero sabía separar el trabajo de lo personal.
Colgó la llamada, se puso un impecable traje ejecutivo y se aplicó un maquillaje sutil y elegante.
El servicio a la habitación llegó con el desayuno: Sopa de mariscos, la especialidad estrella de Jalapa.
Al ver el tazón humeante, a Vanesa se le revolvió el estómago.
Ese era el platillo favorito de Fabio. Años atrás, ella había pasado horas en la cocina practicando para perfeccionar la receta solo para complacerlo. Y eso que era mortalmente alérgica a los camarones. Había soportado la comezón y el asco por él.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: EL HOMBRE POR EL QUE LO DEJÉ TODO NUNCA ME AMÓ