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EL HOMBRE POR EL QUE LO DEJÉ TODO NUNCA ME AMÓ romance Capítulo 607

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A Fabio no le gustaba en lo absoluto que Giselle se paseara por las instalaciones del Grupo Serrano.

Al principio de su matrimonio, ella se había presentado en la empresa ostentando su título de 'esposa del presidente'. Y Fabio le dejó muy en claro que no toleraría esas escenitas.

Ir ahora era, básicamente, ir a buscar una humillación.

—¡Dije que vamos y punto! —le espetó Giselle con tono fulminante.

La asistente, aterrorizada, asintió rápidamente.

—Entendido. Le reservaré una mesa en el restaurante cercano y le avisaré al Asistente Medina de inmediato.

Giselle asintió, ligeramente más tranquila, creyendo tener la situación bajo control.

...

La ceremonia de firmas entre el Grupo Serrano e IGM arrancó puntual.

Como todos los términos del contrato ya estaban planchados de antemano, el evento no era más que formalidad y relaciones públicas.

Se llevó a cabo en la majestuosa sala de juntas del corporativo, con medios de Monterrey y Jalapa listos para documentar el momento.

El evento fluyó sin contratiempos. Las preguntas de la prensa se enfocaron en la tecnología y el mercado, dejando de lado los chismes baratos.

Fabio y Vanesa se sentaron uno al lado del otro, respondiendo con una sincronía envidiable. Dejaban espacio para la interpretación del otro, dándose crédito mutuo.

A los ojos de todos, eran el equipo corporativo perfecto.

Sin embargo, por debajo de la imponente mesa de caoba, Vanesa mantenía una mano fuertemente presionada contra su estómago.

El dolor, lejos de ceder, se había convertido en cuchilladas que la dejaban sin aliento.

Ese leve encorvamiento de hombros y el rictus en su rostro no pasaron desapercibidos para Fabio.

Frunció el ceño imperceptiblemente, pero no cambió su postura relajada frente a las cámaras.

Giró ligeramente la cabeza hacia Carlos Medina y murmuró una orden:

—Al terminar la firma, se cancela la rueda de prensa. Deja a los voceros a cargo y limpia el área. Que no quede ni un solo fotógrafo en el pasillo.

Carlos se sorprendió, pero asintió con rapidez.

En cuanto estamparon la última firma, Fabio se puso de pie y le ofreció la mano a Vanesa.

—Un placer hacer negocios, Directora Arias.

—Igualmente —respondió ella en tono monocorde.

Fue un apretón de manos frío, clínico, casi sin rozarse.

El dolor era tan agudo que Vanesa ni siquiera tuvo fuerzas para replicar. Una fina capa de sudor frío le cubría la frente.

—Apóyate en mí —le exigió él.

La jaló hacia su pecho con firmeza. Vanesa dejó caer parte de su peso contra el traje hecho a la medida de Fabio.

Con su brazo aferrado a ella, parecían una pareja inmersa en un abrazo íntimo.

El dolor era insoportable, así que Vanesa decidió dejar el orgullo a un lado por el momento. Pero cada paso era una tortura.

Al verla tambalearse, Fabio no lo pensó dos veces: la levantó en brazos, cargándola al estilo nupcial.

Vanesa ahogó un grito de asombro.

—Bájame, por favor —soltó por instinto.

—Cállate —gruñó él, cortante.

Sin detenerse, caminó con paso apresurado hacia el ascensor privado que los llevaría al estacionamiento subterráneo.

A diferencia de otras oficinas, esa torre pertenecía exclusivamente al Grupo Serrano. Era una fortaleza impenetrable para cualquier paparazzi, así que nadie los vio bajar.

En cuestión de segundos, las puertas del ascensor se abrieron en el estacionamiento.

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