Vanesa suspiró aliviada cuando se dio cuenta.
Al menos no era por lo que había pasado entre ella y Fabio.
Pero Vanesa sabía que a Julián no le daría igual.
Solo que este asunto...
A Vanesa le daba dolor de cabeza.
—Vane... —la llamó de repente Clarissa Jiménez.
—Aquí estoy —respondió Vanesa.
—¿Estás con Fabio Serrano? —preguntó Clarissa sin rodeos tras un breve silencio.
Vanesa asintió con un sonido afirmativo.
No era ningún secreto.
Los medios ya habían hecho un escándalo, aunque no lo habían dicho con todas las letras.
Pero alguien tan astuta como Clarissa no pasaría eso por alto.
Al escuchar la confirmación, Clarissa se quedó en silencio.
Varias veces quiso decir algo, pero las palabras se le quedaron en la punta de la lengua.
Quería hablar de Vanesa y Julián; quería pedirle que dejara todo eso atrás y construyera una buena vida junto a él.
Temía que las cosas se salieran de control y no hubiera marcha atrás.
Sin embargo, Clarissa también conocía todo lo que Vanesa había sufrido para llegar hasta allí.
Si estuviera en su lugar, tampoco podría rendirse.
Por eso, no encontraba ningún argumento válido para pedirle que se detuviera.
Al final, todo se redujo a un suspiro ahogado:
—Está bien, solo cuídate mucho. Si pasa algo, llámame a cualquier hora.
—Lo haré —asintió Vanesa.
—Ve a buscar a Paz primero. Avísame en cuanto estés con ella. Yo me encargaré de hablar con Julián —concluyó Clarissa con voz serena.
—De acuerdo —respondió.
Luego de eso, Clarissa colgó.
Vanesa no dijo nada más, se quedó mirando la pantalla del celular en silencio.
Sabía perfectamente lo que Clarissa había querido decirle.
Se quedó frotando el borde del teléfono entre sus dedos, pensativa.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: EL HOMBRE POR EL QUE LO DEJÉ TODO NUNCA ME AMÓ