Fabio no soltó a Paz en ningún momento; la llevó directamente hasta la cama y la acostó con cuidado.
Vanesa observaba la escena en silencio antes de clavar su mirada en Fabio.
—Yo me quedo con ella —dijo Vanesa con tono neutro—. Cuando duerme en un lugar que no conoce, no puede estar sola. Se despierta asustada y es muy difícil tranquilizarla.
Su voz sonaba completamente serena.
Y no estaba mintiendo.
Si Paz no dormía en su propio entorno, el menor ruido la despertaba.
Después de eso, era casi imposible volver a calmarla y hacer que durmiera.
Eso, sumado a sus problemas de salud, podía desencadenar en una crisis.
Por eso, Vanesa no se tomaba el asunto de Paz a la ligera.
Fabio la miró y asintió:
—De acuerdo. Si necesitas algo, llámame.
—Lo haré —asintió Vanesa.
Él no se marchó de inmediato; se quedó mirándola fijamente.
Aquella mirada empezó a poner a Vanesa un poco nerviosa.
Pero por fuera, mantenía una máscara de completa indiferencia.
De pronto, Fabio soltó una risa por lo bajo y se inclinó hacia ella:
—Supongo que tuviste suerte, te salvaste por esta noche, ¿eh?
Vanesa lo miró sin saber qué decir.
Antes de que pudiera articular palabra, los labios de Fabio se posaron sobre los de ella.
Fue un beso peligrosamente tierno.
Vanesa sentía que Fabio ya no era el mismo de antes.
Este Fabio parecía estar jugando con ella, seduciéndola a propósito.
Era una partida para ver quién caía primero en la trampa del otro.
Vanesa no se apartó, pero tampoco le correspondió; se mantuvo gélida, sin reaccionar.
Él no intentó profundizar, simplemente probó sus labios y se retiró con elegancia.
—Que descanses —susurró, con el mismo tono controlado de siempre.
Dicho eso, dio media vuelta y salió de la habitación.
La puerta se cerró a sus espaldas.
Solo entonces, Vanesa pudo soltar el aire que estaba conteniendo.
Paz dormía como un tronco; estaba completamente perdida en el mundo de los sueños.
Y, por instinto, se aferró al brazo de Vanesa.
Vanesa bajó la mirada hacia la niña y sonrió en silencio; su rostro se suavizó por completo.
Su mano acarició con ternura la mejilla suave de la pequeña.


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