Antes de que Vanesa pudiera decir una palabra, Paz se adelantó, rebosante de entusiasmo:
—¡Fabio mandó a traer todos mis juguetes para acá!
—¿Cuándo? —preguntó Vanesa, intentando sonar casual.
—Mmm, un ratito antes de que tú llegaras. Y me dijo que tenía que ir a hacer unas cosas, pero que venía a buscarnos más tarde —explicó Paz con total inocencia.
Luego, le hizo señas con sus manitas.
—¡Mami, ven rápido! No entiendo esta pieza, ayúdame a armarlo.
—¿Dónde, mi amor? —Vanesa se acercó dócilmente.
Paz intentaba armar un complejo juguete mecánico. Vanesa le echó un vistazo a las instrucciones y, con paciencia de santa, comenzó a explicarle cómo encajaban las piezas.
Paz, siendo una niña brillante, lo entendió a la primera y siguió armándolo sola.
En medio del juego, el celular de Vanesa vibró.
Era un mensaje de su asistente. Vanesa lo abrió:
Giselle Rivas acababa de publicar un video de disculpas desde su cuenta oficial de Twitter.
En el video, Giselle le pedía perdón a Vanesa y a Paz.
Alegaba que había actuado por un impulso ciego que terminó lastimando a la niña, y expresaba su más profundo arrepentimiento.
Aseguraba que se haría cargo de todos los gastos médicos y prometía visitarlas en persona para pedir perdón.
Rogaba por la misericordia de Vanesa.
Apenas se publicó el video, los comentarios explotaron.
[¿Acaso no dijeron que la niña está perfecta? Vanesa hace un drama como si se hubiera muerto alguien. Puro show.]
[Exacto. Qué casualidad: un hombre y una mujer a solas en una villa, y Vanesa se hace la víctima. ¡Esa mujer es la amante!]
[¡Claro que lo hizo a propósito para ensuciar a nuestra Gigi!]
...
Vanesa revisó por encima la sección de comentarios y sonrió con desdén.
Era obvio: ese era el ejército de trolls que la agencia de Giselle había contratado para limpiar su imagen.

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