Para Julián, la negativa de Vanesa a obedecer significaba una sola cosa: que estaba intentando proteger a Fabio.
—Hazme caso. Vete —repitió Julián, con un tono mucho más rasposo y grave.
Vanesa entendía que, a su manera, Julián estaba intentando ser amable para sacarla de en medio.
Pero para los oídos de Fabio, aquello sonaba como una imposición violenta de un marido controlador.
Los ojos de Fabio se volvieron dos témpanos de hielo.
El aire en la habitación era tan espeso que se podía cortar con un cuchillo.
—Julián... por favor... —insistió Vanesa.
Pero él no escuchó razones. La tomó del brazo con firmeza y tiró de ella, decidido a encerrarla en el dormitorio principal.
Ya fuera por la adrenalina del momento o por su propia rabia contenida...
Su agarre fue mucho más brusco de lo planeado.
—¡Suéltame, me lastimas! —gritó Vanesa, quejándose del dolor.
Julián apenas se dio cuenta de su exceso de fuerza y estuvo a punto de soltarla para disculparse...
Cuando Fabio acortó la distancia en un segundo y le arrebató la otra mano a Vanesa sin mediar palabra.
—Vámonos —escupió Fabio, con una autoridad irrefutable.
Y sin siquiera dedicarle una mirada al otro hombre...
Jaló a Vanesa con intención de sacarla del hotel.
Una risa desquiciada escapó de los labios de Julián.
A Vanesa se le paró el corazón.
Estaba segura de que Fabio había perdido completamente el juicio.
Apenas abrió la boca para exigirle que la soltara...
Sus pupilas se dilataron al máximo ante la escena que se desató frente a ella.
El puño de Julián cortó el aire a una velocidad asombrosa y se estrelló de lleno contra el rostro de Fabio.
El golpe lo tomó con la guardia baja.
Por el impacto, soltó a Vanesa de forma instintiva.
Ella trastabilló hacia un lado, intentando no caer.
En la siguiente fracción de segundo, Fabio se abalanzó sobre Julián, desatando el infierno.
Ninguno de los dos estaba dispuesto a retroceder.
Era como si el odio acumulado a lo largo de los años finalmente hubiera encontrado su válvula de escape.
Cada impacto buscaba destrozar al otro.
Los muebles de lujo se volcaron, los jarrones estallaron en pedazos, y todo a su paso quedó hecho añicos.

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