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EL HOMBRE POR EL QUE LO DEJÉ TODO NUNCA ME AMÓ romance Capítulo 825

Para Vanesa, su único objetivo respecto a Fabio era la venganza. No existía la más mínima intención de perdonarlo o de volver con él. Le resultaba imposible. Los rencores entre ellos eran demasiados, una deuda que no podía saldarse con unas cuantas palabras. No era un simple malentendido de pareja; había varias vidas de por medio en su conflicto.

E incluso si Paz había logrado sobrevivir de milagro, ¿qué importaba? La pequeña seguía rondando las puertas de la muerte. Vanesa ni siquiera sabía cuántos años más podría tener a Paz a su lado.

Al pensar en eso, bajó la mirada y soltó una carcajada amarga. Después de soltar todas esas verdades, apartó a Fabio con frialdad.

Él se quedó de pie en el pasillo, con la mirada ensombrecida.

—Entonces, ¿eres tú, Vanesa?

Ella no respondió.

Entró a la suite y comenzó a recoger sus cosas de inmediato.

Fabio permaneció en su lugar, observándola en silencio, sin mostrar gran alteración. No tenía prisa. Unos días más no harían diferencia.

Rápidamente, él también ocultó sus emociones y la siguió.

Vanesa se fue en el vehículo de la familia Jiménez. Fabio la siguió conduciendo justo detrás, después de todo, seguían viviendo en el mismo edificio.

El escándalo de Giselle en el hotel había dado mucho de qué hablar entre los chismes de la prensa en Monterrey.

Los rumores sobre el inminente divorcio entre Fabio y ella, a causa de su deteriorada relación, crecían como la espuma. El equipo de relaciones públicas de Giselle emitía comunicados constantes para desmentirlo todo, pero Fabio no decía ni una palabra, lo que para muchos confirmaba las especulaciones.

Giselle estaba acorralada en un estado de histeria total. Destrozó todo lo que encontró a su paso en la habitación. El lugar parecía una zona de desastre, y nadie se atrevía a acercarse a ella por miedo a su ira.

Últimamente, su estabilidad emocional pendía de un hilo. No solo en privado, sino también en el set de grabación, donde no dejaba de causar problemas.

En el pasado, solo su círculo íntimo sabía lo insufrible que podía ser, pero ahora era diferente. Sus ataques de nervios obligaban a repetir escenas una y otra vez, y el director, que no era famoso por su paciencia, había empezado a lanzarle comentarios cargados de veneno.

Esto solo empeoraba el estado mental de Giselle.

El silencio sepulcral de la habitación se rompió cuando su asistente entró.

—Salgan todos, por favor —ordenó la asistente con voz firme.

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